miércoles, 20 de febrero de 2008

Habrá sangre...

Ayer tuve la posibilidad de ser parte de la avant première de Petróleo Sangriento (There will be blood), el nuevo film del talentoso realizador Paul Thomas Anderson, pero desde el vamos hay que saber que su nueva obra no tiene nada que ver con las historias corales planteadas en Magnolia, o con la acidez de Embriagado de amor, ni con la cruda Boogie Nights, aunque en cuanto a drama y decadencia sea la que más se asemeje.
Hay que decir que si el film tiene sangre, potencia, garra y ambición, se debe en gran parte a la descomunal labor del actor Daniel Day-Lewis, con sus miradas, posturas, gestos y palabras justas. No hay en él sobreactuación ni acciones forzadas o poco verosímiles para su personaje, mérito de una gran labor de dirección actoral por parte de Anderson. Es descontado que así como en años anteriores, los actores Phillip Seymour Hoffman, Jammie Foxx o Sean Penn se veían como ganadores seguros, esta vez, el Oscar a mejor Actor recaerá en Day-Lewis, quien ya tiene uno por su intensa performance en Mi pie izquierdo (Jim Sheridan, 1989).
Asimismo, el rol que le toca en suerte a Paul Dano, es de una importancia notoria en la trama, pues en su adaptación, Anderson hizo incapié en la sinuosa relación entre el poder del magnate petrolero y la religión, representada en este caso por la iglesia evangélica del pastor Dano. Hay un par de escenas entre ambos que son un verdadero duelo actoral, y para un joven y precoz actor como Dano, seguirle los pasos y destacarse al lado de un monstruo como Daniel Day-Lewis es todo un mérito. Para terminar con los destacados actorales, hay que decir que el papel que interpreta el niño debutante Dillon Freaiser, quien da vida al hijo del magnate; su rol es de los más entrañables y naturales que se hayan visto en un niño actor en mucho tiempo. El también comparte casi todas sus escenas con Daniel, y jamás está forzado, u opacado por éste. Si Paul Thomas Anderson sigue filmando así, no sólo seguirá cosechando méritos artísticos desde el guión o la dirección, sino que se convertirá en el director de actores. Y sino, vayan repasando los filmes nombrados en el primer párrafo.
Petroleo… acumula ocho nominaciones al Oscar, y más allá de la descontada a mejor Actor, creo que tiene posibilidades en el rubro Guión Adaptado. Anderson merece un reconocimiento de la Academia, quien no lo premió por sus creativos y descollantes guiones de Magnolia y Boogie Nights. Difícilmente tenga opción en la categoría de mejor Director, un premio que también parece asignado de antemano para los hermanos Coen. De todos modos, ésta no es una película para ser considerada la mejor. Está muy bien dirigida, tiene climas realmente logrados, y hay secuencias magníficas plasmadas en diversos momentos de sus casi dos horas y medias. Sin embargo, hay algo de exceso que además de tenerlo el protagonista, también lo tiene el film. Hay escenas innecesarias, y desde el montaje se pudo haber realizado un corte de menor duración. Es decir, la película atrapa, pero se toma su tiempo, y si bien es una notable obra artística, no llega a ser una obra maestra. Tal vez, había demasiadas cosas por contar, y en determinados momentos, se siente. En ese sentido, Expiación es mucho más redonda y concreta en su finalidad.
Siguiendo con el listado de cegueras de la Academia para sus nominaciones actuales, encabezadas como ya dijimos por Joe Wright y su dirección en Expiación, no se entiende cómo omitieron la correspondiente a Banda Sonora. La labor del músico de Radiohead Jonny Greenwood, es tan intensa, talentosa y brillante como la de esta trama con tantos matices, la mayoría de ellos explotados al máximo por su director. Sin duda, Petroleo sangriento es una experiencia para ver en cine, que si se tiene paciencia y se disfruta momento a momento, no decepciona.

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