sábado, 15 de marzo de 2008

Cine argentino

Sin muchas ganas, dispuesto a pasar una tarde de viernes en el complejo de cines Gaumont, fui a ver dos de los tres primeros estrenos nacionales de 2008. La ópera prima Tres minutos, de Diego Lublinsky, un egresado de la E.N.E.R.C., la escuela de cine estatal dependiente del I.N.C.A.A. donde curso actualmente mis estudios, y la segunda película de Sandra Gugliotta (Un día de suerte), también egresada de dicha institución, llamada Las vidas posibles. Digo sin muchas ganas, porque Tres minutos no estaba entre mis planes, pero tenía que hacer tiempo hasta la función de Las vidas posibles, así que en definitiva vi ambas, y ninguna me convenció, por no decir que no me gustaron para nada. Las dos son buenos exponentes de la clase de películas argentinas odiadas por una camada de críticos (encabezada por Pablo Sirvén, de La Nación, y Jorge Carnevale, de Noticias y Ñ) y muy poco atrayentes para una buena cantidad de argentinos, es así.
Empecemos por la primera, que a decir verdad tienen una buena e innovadora idea en cuanto a trama para un film. El tema es la ciencia ficción, o algo por el estilo, pero creo que las pretenciones de este cineasta eran un tanto complicadas para encararlas en una ópera prima, y más allá de muchas deficiencias, las conocidas caras (al menos en el cine todos trabajan bastante) de los actores no ayudaron. Hay que subrayar las pésimas actuaciones de Antonella Costa, una actriz que supo brillar en Garage Olimpo u Hoy y mañana, Julieta Zylberberg, quien no ha demostrado mucho más después de La niña santa, y un protagónico a cargo de Nicolás Pauls, con su falta de expresividad a cuestas.
En cuanto a la segunda, cuando el año pasado leí el agumento, las líneas generales de la trama, pensé: qué buena historia. Es decir, un hombre que vive en pareja, se va de viaje y no aparece más. Su novia va en su búsqueda y encuentra a un hombre idéntico a su pareja, quien no la reconoce, y a su vez tiene su propia familia. La pregunta es: ¿son la misma persona que lleva una doble vida?, ¿cual es el misterio en ese hombre?, y ¿cómo reacciona esta mujer? Pero Gugliotta da vueltas sobre el asunto sin avanzar con paso firme y nuevas sorpresas o giros en la historia. Lo que sigue es un devenir de personajes melancólicos, las mismas miradas desconcertantes de seres perdidos en paisajes desérticos (mirar Nacido y criado, El salto de Christian, Extraño…) y un par de acciones inverosímiles con pretensión poética y surrealista que no benefician en lo más mínimo al film en cuestión. El resultado es lamentable.
Sólo me queda ver Gigantes de Valdés, la ópera prima también del cineasta Alex Tosenberg. En cuanto a próximos estrenos, tendremos muy pronto la tercera película de Paula Hernández (Herencia y Familia Lugones), con protagónicos de Valeria Bertucelli y Ernesto Alterio, una dupla más que interesante que conforma, además, la totalidad del elenco. Sólo ellos dos, en un film intimista titulado Lluvia. Por la misma fecha, semana antes, semana después, el debut en cine de ficción del publicista Edi Flehner, con la adaptación de Rancho aparte, la obra teatral homónima de Julio Chávez. Y hacia mediados o fines de abril, será el turno de El nido vacío, el sexto trabajo del director Daniel Burman, consagrado ya a nivel nacional, con la dupla Oscar Martínez-Cecilia Roth, y una comedia dramática que ya desde el afiche que puede verse en los cines atrae. Ojalá estas películas sumen calidad y fuerza para un año en el que el cine argentino tenga más y mejores resultados artísticos y económicos, superiores a 2007.

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