jueves, 18 de septiembre de 2008

El gran Scola



Hoy por hoy, diría que son tres los directores que más admiración y respeto generan en mí. Uno es Clint Eastwood, sobretodo en su faceta dramática, con títulos como Million Dollar Baby, Río Místico y Los puentes de Madison, entre varias más. El otro es Adolfo Aristarain, que me conmueve tanto en sus logrados policiales, como en sus obras más personales, ya sea Roma, Lugares comunes o Martín (hache). El tercero, recientemente incorporado en mi lista, es un enorme artista italiano, aún en actividad (al igual que los otros dos), figura reconocida de la subestimada "commedia alla italiana", que ha incursionado con igual potencia en el drama, el melodrama, la comedia e inclusive el musical. Para él es este texto, para el Sr. Ettore Scola.
Director de varias capas, sabe contar una historia, ante todo, y en varias ocasiones se vale del paso del tiempo en la trama para el desarrollo completo de sus personajes. Scola ha dirigido clásicos como Nos habíamos amado tanto, La Cena o Feos, sucios y malos, le ha sacado lustre a la pista con el musical El baile, y ha sabido conmover con pequeñas historias, de enorme carga dramática a nivel actoral, dirigiendo a duplas memorables como Marcello Mastroianni-Massimo Troisi en Esplendor y en Qué hora es, o al primero con Sophia Loren, en la inolvidable Un día muy particular.
A lo largo de su carrera, han pasado por sus films los mejores actores italianos, entre ellos Vittorio Gassman, Stefani Sandrelli, Sergio Castellito, Alberto Sordi, Nino Manfredi y los ya citados, más luminarias extranjeras como Jack Lemmon y Fanny Ardant. Su último film fue en 2003, con su particular obra Gente de Roma.
Hace un par de días, vi en dvd La familia y Un día muy particular, por segunda y tercera vez, respectivamente. A ambas las considero obras maestras. La primera cuenta la historia de una familia en cuestión, a lo largo de ochenta años, pincelando los sentimientos y aconteceres de los personajes con la historia de Italia en el período que abarca el film, característica habitual en los guiones de Scola. Protagonizada por Vittorio Gassman, al film no le sobra ni le falta nada. Cada personaje está perfectamente construído, con sus particularidades y sus modos de convivir con los otros integrantes de la familia. El amor, el desencuentro, la traición, los ideales, los sueños frustrados, todo es registrado por la genial cámara de Scola, que nos deleita con sofisicados paneos y travellings a través de un enorme caserón de la época, y climas admirables en las escenas más delicadas.
Scola tiñe a sus films de nostalgia y cierta decadencia, pero también se reserva, ya sea para algunos personajes, o para los desenlaces, señales de esperanza y sensaciones de felicidad, a pesar de la dificultad diaria de nuestras vidas. De igual manera, pero en una historia mucho más sencilla y con un elenco reducido, el realizador italiano construye una hermosa historia de amor entre dos personajes completamente diferentes, a los cuales Sophia Loren y Marcello Mastroinanni dotan de excelencia actoral, en esa jornada tan particular a la que alude el título. Ella es una ama de casa frustrada y destinada de por vida a su hogar, su marido y sus seis hijos, en pleno auge del fascismo en Italia y de la alianza con el nazismo previa a la Segunda Guerra Mundial. El es un escritor algo bohemio, que esconde algunos secretos, y que coincide con ella al quedarse ambos prácticamente solos en un gran edificio de familias, la mayoría ausentes por concurrir a un histórico desfile que se sucede en las calles de Roma, en honor a la visita de Hitler. La construcción de cada personaje es perfecta, y la química y empatía que se genera entre ambos monstruos de la actuación, logra conmover hasta las lágrimas. De fondo, los acordes melancólicos del compositor Armando Trovajoli. Una pequeña gema, con escenas memorables como la discusión que ambos tienen en la terraza, mientras ella destiende la ropa ya seca, o la pudorosa y sensible escena sexual, o bien sólo las miradas de ambos, en un duelo de composición difícil de alcanzar. Scola tiene su mérito, porque se vale siempre de su dirección actoral para sacar lo mejor de sus elencos, como otros notables del asunto (Bogdanovich, Lumet, Bergman.)
A los lectores del blog, se las recomiendo ampliamente.

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