martes, 16 de diciembre de 2008

Anclados en el Sur

Anoche se entregaron por tercer año consecutivo los Premios Sur, otorgados por la Academia de Cine Argentino, y nuevamente pasaron desapercibidos, y particularmente, creo que saltaron a la luz varias y notables fallas y “sorpresas”.
Por empezar, una vez anunciadas las nominaciones, Leonardo Favio se dio de baja. Su “Aniceto” era de los films más nominados, y el artista pidió excluirse de los rubros principales: Película y Dirección. Si tenemos en cuenta que anoche “Aniceto” ganó en los 8 rubros en los que figuraba exceptuando los de Favio, es fácil deducir que si todo hubiese seguido su curso, la vencedora a mejor película y dirección sería “Aniceto”. Ausencia mediante, “La mujer sin cabeza” obtuvo dichas distinciones, pero Martel brilló por su ausencia. Ahora bien: ¿es digno en este caso para la realizadora (aunque lo mismo vale para Burman o Trapero si ganaban con sus filmes) recibir dichos premios “en lugar de…”? ¿Le corresponde a Favio “bajarse” de dichas categorías?

Me considero un buen opinólogo sobre entregas de premios, y al escuchar y leer sobre ellos, me doy cuenta de que sólo unos pocos tienen noción sobre cómo organizar un premio. En el sitio OtrosCines.com surgió la polémica sobre los Sur, y la mayoría llegó a la conclusión de que en la Argentina no hay premios dignos sobre el mundo del espectáculo. Si nos remitimos a los del séptimo arte, tanto los Clarín (en sus escasos rubros) como en los Cóndor se presentan en sus rubros desprolijidades, y se nota que a los jurados les falta ver cine.
Yo era optimista con la Academia. Creía que todo sería mejor organizado. Pero estos premios no empezaron bien. A fines de 2006, en la primera entrega, “Las manos” de Doria era la vencedora en una ceremonia apresurada en la que ni siquiera había estatuillas, sólo diplomas. Se había hablado de un trofeo diseñado por Pallarols, una transmisión importante, y una evidente movida de prensa, pero no es que exprese frivolidad porque en mi país no hay una entrega como la de los Oscar. Aunque sí esperaba ver rubros (NO TERNAS como se refiere toda la prensa vetusta de los medios, pues ya no hay practicamente categorías de tres nominados, sino de cuatro y hasta cinco) más pensados, con mayor variedad, con menos ignorados, y justos reconocimientos. Es lo que ocurre, con sus reparos seguramente, en los Goya, que brinda la Academia de Cine de España.

Después podemos hablar de opiniones personales. Creo que no se debe premiar a las revelaciones. Si surge un actor nuevo, y se destaca en su papel, que se lo considere como actor o actor secundario. Más de una vez un actor novato ha sido premiado como revelación, pero no reconocido como actor principal, y ayer ocurrió con Martina Gusmán. Valeria Bertucelli es una gran actriz, pero su labor en “Un novio para mi mujer” perdía con la entrega de la Julia que interpreta Gusmán en “Leonera”. En otras ocasiones, directamente se excluye a un nuevo actor del rubro a mejor actuación, y sólo se lo nomina en la revelación. Ocurrió el año pasado con Inés Efrón, por XXY. Su labor fue la mejor labor femenina del año, entonces que se la premie como mejor actriz y punto.
En menor medida, hay varios casos en Opera prima y en mejor Película, aunque el año pasado los Sur hicieron justicia. Premiaron a XXY como mejor Ópera prima, pero también fue justa merecedora de la máxima distinción.

¿Los olvidados?
Si “Los paranoicos” entraba por cronograma (ocurre que a veces no están dentro del período evaluado, y este año pasó con Silvia Pérez, nominada como mejor Actriz por Encarnación, un film ya mencionado en otras entregas de la temporada pasada) Daniel Hendler y Walter Jakob merecían nominación por sus roles sin duda. Al igual que los excelentes Leandro Castello, Luz Palazón y Mercédes Scapola por la injustamente bastardeada “Rancho aparte”, así como también Laura García por “Leonera” y los soberbios protagónicos de Bertucelli y Alterio para “Lluvia”. Otro que pudieron tener en cuenta es Rafael Spregelburd por “La ronda”.
Una lástima, pues se percibe que hay muchos nominados de films renombrados o “más vistos”, o bien categorías en las que hay nominados “por chapa” o trayectoria, y se olvida a verdaderos merecedores. Se sabe que los premios siempre son injustos, parciales, polémicos, y que uno puede estar o no de acuerdo, pero como espectador de cine y como conocedor de las áreas que dan vida a una película, siempre los premios del cine argentino me dejan un sabor amargo, sin excepción.

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