miércoles, 3 de diciembre de 2008

Refracción y reflexión, sobre “La cámara oscura”


El cuarto film de María Victoria Menis habla de una mujer poco agraciada, que sufre la discriminación desde niña, por parte de su madre, y luego crece aislada de la juventud, hasta casarse con un hombre que la elige por sobre sus hermanas, sin duda más bellas, aunque el espectador no sabrá el motivo por el este hombre la elige. Así, Gertrudis cría a cuatro hijos, pero su función en el hogar es la de cocinar y servir a su familia como si fuera una fiel empleada doméstica.
El problema de los personajes retratados por Menis es que son demasiado fríos, inexpresivos y poco interesantes. No hay secretos, ni matices, ni intenciones marcadas, ni dilemas, y es notable en el rol protagónico. A Gertrudis, interpretada por la actriz de teatro Mirta Bogdasarian, la vemos siempre como un ser callado, sumiso, curioso, y siempre en segundo plano. Pero rara vez sabemos qué es lo que siente, cuales son sus expectativas, deseos, frustraciones. Apenas si cruza palabra con su marido, o con sus hijos. Y si bien el primer caso puede referir a una extraña relación, resulta cuanto menos dudoso, sino poco creíble, que por más ambiguo y ermitaño que sea en su accionar, esta mujer no exprese nada en relación a sus hijos, justamente por ser una madre, más allá de su fealdad.
Es por ello que este film se vuelve demasiado distante, y ni siquiera resulta interesante la relación que plantea la trama entre Gertrudis y ese fotógrafo que descubre en ella otra concepción de la belleza, en un rol al que el actor francés Patrick Dell’Isola –¿qué necesidad de que sea un actor extranjero?- no le aporta nada, y entre ambos no surge un ápice de carisma, o de conexión.
Aún así, es valioso el aporte del diseño de producción, de la fotografía, de la banda sonora, e inclusive las buenas intenciones de Menis, que se perciben, aunque los resultados no sean los mejores.

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