miércoles, 25 de junio de 2008

El Allen de las aguas turbias


Entre "Crímenes y pecados" y "Match Point", Woody Allen retoma los caminos de los pecados más atroces, llevando a sus personajes al límite, en su último film en cines, "El sueño de Cassandra." Su trama me recuerda en varios aspectos a la aún no estrenada "Antes que el diablo sepa que estás muerto", del prolífico Sidney Lumet.
Aquí, el duo protagónico son los carilindos Ewan McGregor y Colin Farrell, y debo admitir que cuando leí en su momento que el director los había elegido para su último trabajo, sus nombres sólo me hacían ruido. Si bien McGregor está correcto, su tono de voz y enunciación no siempre ayudan a construir el verosímil de su personaje. La sorpresa viene de la mano de Colin Farrell, en un rol lleno de matices que le permite explotar unas dotes actorales que otros directores del talento de Terrence Malick, Oliver Stone o Spielberg no supieron conseguir. Ambos actores dan vida a dos hermanos inmersos en problemas económicos que los llevan a recurrir más que nunca a su acaudalado tío (el notable pero por momentos sobreactuado Tom Wilkinson.) Uno cuenta con el apoyo de su novia (Sally Hawkins, actriz de talento presente en varios films de Mike Leigh), que no es conciente de los vicios de su pareja, mientras que el otro se enamora perdidamente de una mujer tan atractiva como ambiciosa (la debutante Sally Hawkins.)
Con un ritmo vertiginoso, Allen estructura la historia de modo lineal y convencional, sucediéndose los actos y sus respectivas consecuencias a lo largo de los 110 minutos, en un clima de creciente tensión, con pulso firme y seguro. Se vale para ello, además, de los acordes de Phillip Glass, ese excelente compositor al que me cuesta apreciarlo luego de la maravillosa banda sonora elaborada para "Las horas", imposible de superar. Así, por momentos, las notas no acompañan del todo las diversas acciones de los hermanos McGregor-Farrell.
Se sabe que Allen no es un director de virtuosos encuadres, sino más bien un mesurado realizador, que recurre a las puestas clásicas y convencionales. Sin embargo, y como ocurría en la reciente Match Point, en los momentos donde puede hacer uso de sus condiciones de narrador, se luce en la puesta de ciertas escenas. En este caso, la del diálogo de los hermanos con su tío bajo un arbol, con la típica lluvia inglesa cayendo sobre ellos, y la secuencia de un asesinato incluído en la trama, están resueltas del mejor modo, en todos los sentidos.

jueves, 19 de junio de 2008

Ese infierno tan temido

"Una serie de fotos fijas contrapunteadas por un timbal mostraban a Nadia Gray tirada en el piso de un lujoso apartamento, apenas cubierta por un tapado de piel, rodeada de gente que aplaudía. En seguida, Anita Ekberg bañada por las aguas de la Fontana de Trevi ante un Mastroianni extasiado. Después, imágenes de lo que suponía ser una orgía, con Marcello cabalgando a una señorita robusta, festejado por muchos. Más allá, gente rezando en un espacio abierto frente a cámaras de televisión, nobles y villanos compartiendo tragos en un castillo decadente, una imagen de Cristo de tamaño natural que sobrevuela Roma, colgada de un helicóptero, Magalí Noel disfrazada de conejita en un cabaret para gente mayor, el severo rostro de Alain Cuny mostrando una sabiduría y a la vez una tristeza infinita y la imagen final de una muchachita de rostro angelical mirando a cámara desde una playa, como pidiendo que alguien sepa cómo salir de ese infierno tan temido."

Jorge Carnevale, Revista Ñ, 5 de enero de 2008

Gracias Rocío por pasarme este fotograma increíble, que no solo es de una composición y un virtuosismo sorprendente, sino que subraya aún más la explícita descripción del crítico Carnevale sobre "La Dolce Vita", una de las obras más embriagadoras y fellinescas del realizador italiano.

lunes, 9 de junio de 2008

En la cárcel: emoción a flor de piel


El pasado año, en una clase que cursaba de Dirección de Actores, surgió el tema de Trapero y sus actores en su variada filmografía, en ese momento compuesta por cuatro filmes. Ante cierta decepción general por “Nacido y criado”, pero sobretodo la crítica expresada ante las flojas labores de los personajes de “Familia rodante”, mi profesora dijo que algo estaba mal en la búsqueda de Trapero. Y que eso se confirmaba en la idea de su próximo film: una mujer que despierta con dos hombres “asesinados” a su lado, y que debe ir a la cárcel, embarazada. En ese momento, sin saber mucho más, compré el prejuicio, y estuve de acuerdo en que algo andaba mal ultimamente con Trapero.
Este año vino Cannes, y lo cierto es que “La mujer sin cabeza”, de Martel, pintaba como fuerte candidata a entrar en competencia. Y entró, pero en un hecho histórico para nuestro cine, fueron dos las obras “en competencia”. Despacito, y callado, Trapero logró un lugar con su quinto film, recién salido del horno del montaje, bautizado como “Leonera”. Cannes pasó, no hubo premios oficiales, pero sobre el final Martina Gusmán era un rumor fuerte para el galardón a la mejor actriz. Y si los especialistas hubieran arriegado una ficha para alguno de los dos filmes argentinos, todos la hubieran puesto en “Leonera”.
Concretamente, “Leonera” es la mejor película argentina de este año, hasta el momento. Sin dudas, Martina Gusman es la gran revelación, y sus dotes ya no están en duda, como sí lo estuvieron por su labor en “Nacido y criado”. Trapero se consagra como un talentoso director nacional, y su mérito para dirigir a “no actores”, personalmente, es mayor al de Sorín.
No diré lo que ya afirmaron los críticos, aunque coincida: Trapero no cae en lugares comunes, no nos cuenta una historia sobre mujeres en la cárcel, no recurre a ciertos clichés.
Su film es sobre un personaje, con un arco de transformación ejemplar para tomar en cuenta en cualquier clase de guión. Ese personaje tiene la fuerza y la potencia de una “leona”, y Gusman sabe donde se está metiendo al aceptar componerlo. Sabe lo que busca su marido, es decir Trapero, el director. El lo sabe, mejor que nadie. Quiere contar el triste y árido panorama de una mujer que da a luz y luego cría a un niño en un lugar hostil como una cárcel.
Las guardiacárceles, algunas reclusas, las trabas judiciales y la causa pendiente son obstáculos, unos más fuertes que otros, pero secundarios en relación con esta leonera que es capaz de todo por un hijo.
Brillante la actuación de la amiga y compañera de celda, una dignísima “no actriz”. Naturales y expresivas cada una de las mujeres que aparecen en escena. Impecables los rubros técnicos, y sólido el guión, escrito por Trapero y por los directores de “El Amor. Primera Parte”.
“Leonera” vale por la secuencia en que los niños del pabellón van al jardín de infantes improvisado allí. Vale por algunos travellings como el que nos sitúa en el pabellón en los primeros minutos del film, cuando la guardia toma asistencia y vemos que las reclusas dan un paso adelante con sus panzas a cuestas. Vale por Gusman, vale por los no actores, y vale porque a lo largo de casi dos horas nos mantiene en vilo, despertando la ternura, la emoción, la tristeza y el desamparo que puede sentir un ser humano, más allá de los pecados cometidos. Que todas esas sensaciones vibren en el espectador, con un contexto como el de una cárcel, habla a las claras de una película con todas las letras.

Entre dar la vuelta e irme al carajo




Ambivalentes sensaciones las de este fin de semana. Primero fue “S.O.S.Ex”, y luego vino “La ronda”.
Primero lo primero: Tambornino, no te comprendo. Pienso y analizo, y no entiendo cómo lográs filmar un guión tan endeble, una idea que parece interesante, pero que destruís a los cinco minutos de arrancado el film. Ya en tu debut (aunque fue compartido con Rodrigo Moreno y Ulises Rossell, quienes filmaron “El custodio” y “Sofacama” respectivamente, las cuales me gustaron), en esa ópera prima llamada “El descanso”, me hicieron ruido muchas cosas.
Por otra parte, dejame elogiar al menos tus contactos: no sólo conseguís financiación de tu escuelita (generoso Don Antín) y del INCAA (ay chicos, chicos), sino que además te hacés un lugarcito en la competencia oficial nacional del último Bafici, lugar que con más mérito pudieron ocupar “La rabia” o “Cordero de Dios”.
Ahora, además de los insufribles ochenta minutos a la vera del río, tormenta va, solcito viene, dirigís a dos potentes actrices del cine nacional con una pereza que irrita. Porque sino, ¿cómo se explica lo incómoda que se siente con cada línea que debe decir Ana Celentano, o bien lo ridícula que queda Camila Toker con las carcajadas que supuestamente caracterizan a su personaje? Por si fuera poco, el eje del relato está centrado en Pablo Ribba, un actor del que no dudo que puede dar más, pero que aquí da vida a un supuesto galán que le baja la caña a cualquiera, inmaduro y cliché, y de pronto sale con una confesión que intenta conmover, pero que a esa altura el film ya naufragó. Y el cuarto personaje, un actor oriental, no me explico cómo llego ahí. No es que sea un xenófobo, ni que me moleste la arbitrariedad del guión en que uno de los cuatro personajes sea extranjero, el tema es que actúa mal, y ni les cuento cuando se enoja…
Una de esas decepciones que sirven para alimentar a aquellos que defenestran al cine argentino.Aquí no los puedo ayudar, pero les aseguro que el panorama no es tan caótico.
Y luego de dicha advertencia, paso al segundo film. En este caso, a vos te digo Inés Braun, me pareció correcta y válida tu intención para con el género dela comedia. Tu ronda es desigual, y más allá del simple y concreto guión, lo irregular del círculo puede atribuirse a algunas actuaciones.
A ver: Sofía Castiglione abre la ronda. Es simpática, natural, y buena anfitriona. Se nota que te enamoraste de ella frente a cámara, pero su personaje no es tan interesante. Como sí lo es el de Mercedes Morán, una actriz con registros comunes a otros trabajos suyos, pero con un par de frases que siempre suenan bien en sus diversos roles, y nunca resta, su actuación suma en matices e interés sea cual sea el film en cuestión. Ahora, Fernán Mirás se la lleva a marzo. Su participación es mediocre, ni más ni menos. Leonora Balcarce está correcta, y su presencia también suma en general. Finalmente, como frutilla del postre, y del film, la revelación es el actor de teatro y dramaturgo Rafael Spregelburd. Ha nacido un comediante. Notable.
Con ellos a bordo, “La ronda” se aprecia y se disfruta en sus noventa y cinco minutos. Solo te pido, Inés Braun, mayor compromiso en tu próxima película. Pero confío en tu oficio.

Antes que el diablo se lleve a Lumet


Sidney Lumet es un señor director que podría estar simplemente disfrutando de los suyos y de los placeres de la vida. Pero como además es un señor artista, tiene inquietudes, a sus ochenta y pico abriles. Y al ser un señor artista, conserva su don de gran tejedor de historias, ese don de narrador brillante que lo ha llevado a la cima en Hollywood, ícono y ejemplo reconocido de las nuevas generaciones de cineastas.
Lumet, al igual que en su momento unos de sus admiradores (don Scorsese), tampoco recibió jamás el Oscar al mejor director. Tuvo la oportunidad en cuatro ocasiones. Observen nomás estos títulos y estas duplas: “Veredicto final”, con Paul Newman y Charlotte Rampling. “Tarde de perros”, con Al Pacino y John Cazale. “Network”, con Faye Dunaway y William Holden. Y, finalmente, “Doce hombres en pugna”, con Henry Fonda y Jack Warden. Es decir que al leer esto, uno deduce pronto y seguro que el Sr. Lumet ha sido un gran director de notables historias, y un enorme director, de actores.
En “Antes que el diablo sepa que estás muerto”, Lumet elige a un guionista fresco y novato de la industria, que le ofrece una intensa historia con varios giros y posiciones enfrentadas. Sidney, fiel a su estilo, confía esa trama a una dupla riquísima, conformada por Phillip Seymour Hoffman y Ethan Hawke. El primero, para variar, brilla y resplandece. El segundo, para no ser menos, y porque sabe que su director va a afinar sus mejores cuerdas interpretativas, se luce a la par, y su trabajo puede considerarse el mejor en su filmografía.
No conviene saber mucho de la trama, pero sí vale adelantar el planteo inicial: la dupla citada son dos hermanos que hacen agua en varios aspectos. Uno parece un desalmado, y el otro actúa como un vulnerable. Planean un robo, y el mismo ocurre en la primera parte del film. Pero el montaje y las lineas narrativas nos harán regresar al hecho en reiteradas ocasiones (y no literalmente), cada vez más interesantes, y menos convencionales en este tipo de historias.
El film es decididamente original, y Lumet sabe correrse de varios lugares comunes, para demostrar, una vez más, que detrás de cámaras, y más allá de virtuosos encuadres o no, hay un autor, y un sello. ¡Viva Lumet!
Pd.: la distribuidora viene postergando el estreno en nuestros cines, pero varios la habrán apreciado en las dos funciones a sala llena del último Bafici. Yo la alquilé en una DVDteca de futuros estrenos, harto de esperarla.
Pd.2: la Academia ni siquiera tuvo en cuenta al talentoso guionista debutante. Ni pudieron ver en “Antes que el diablo…” un thriller mucho más rico e intenso que el sobredimensionado “Michael Clayton”.
Pd.3: no se lleven a Lumet, ni Dios ni el Diablo, pues aún tiene polenta, y sabe qué hace falta para hacer digno al séptimo arte.

domingo, 1 de junio de 2008

Un viaje de ida


Me pasan dos cosas con el cuarto trabajo de Sean Penn tras las cámaras. La primera es que como realizador, lo encuentro más interesante a nivel narrativo en su film anterior, “Código de honor”, en el que percibo su ritmo y su enérgica dirección, cómodo en las aguas de un thriller. Entonces, al ver “Hacia rutas salvajes”, por momentos me disperso, y siento que se enamoró demasiado de la historia y de sus paisajes, descuidando por momentos la trama. Lo segundo es que se rodea de un excelente equipo, desde la fotografía, el montaje, el sonido, la banda sonora y el elenco. Y, como realizador, sabe explotar lo mejor de cada área, en pos de una trama muy atractiva para ser llevada al cine.
A lo largo de unas extensas dos horas y media, Penn recurre a al drama, la comedia, las citas literarias, las imágenes de videoclips y las tragedias humanas. Y si bien su película no siempre nos mantiene en vilo, sí consigue un sobresaliente nivel visual. Penn logra que cada uno de los planos, y ésta es una película colmada de planos detalle y de grandes planos generales, posea una riqueza y una composición tan bella como embriagadora, que mereciera ser vista en una gran pantalla, privilegio que no conseguimos aquí, ya que el film se editó en abril directamente en dvd.
En cuanto al nivel actoral, Emile Hirsch (un actor casi desconocido pero camino a convertirse en estrella hollywoodense que suma belleza y talento en dosis justas) está presente en casi todas las escenas, y consigue una dignísima actuación, y en los momentos más comprometidos sabe brillar y conmover. Virtudes extendidas a actores consagrados como Marcia Gay Harden, Hal Holbrook (la escena en que despide al personaje de Hirsch es de lo mejor del film), Catherine Keener y William Hurt.
La última media hora revive el espíritu del film, y el desenlace consigue conmover, sin golpes bajos ni resoluciones fáciles. Tal cual fue en la realidad, porque el viaje de este joven que tenía todo para armar un futuro brillante y opta por un viaje espiritual sin retorno fue real, y Penn sabe honrarlo, avanzando un paso más como virtuoso director de cine.