lunes, 14 de julio de 2008

Un secreto bien contado


¿Dónde veo yo a un buen director? En una película como "Un Secreto". ¿Por qué? Porque Claude Miller, realizador de "Ciudadano bajo vigilancia", logra manejar con solvencia los hilos de una trama muy compleja, eligiendo no complicarse cayendo en algunos lugares comunes, y utilizando las mejores herramientas cinematográficas. No abusa de los flashbacks, sino que la historia es un constante viaje al pasado pero desde ese preciso momento, narrada sólo en determinados momentos (los imprescindibles) por uno de los personajes. Consigue notables actuaciones por parte de su estelar elenco, todos ellos renombrados y cotizados actores franceses: Cécile De France, Patrick Bruel, Ludivine Sagnier, Julie Depardieu, Mathieu Amalric. Y se vale de un excelente trabajo de montaje, de unos expresivos encuadres, y de un clima de tensión que se percibe desde el minuto uno en adelante.
Pero cuando digo que veo en "Un secreto" a un buen director, a un gran director, me refiero a que como espectador me sumerjo en los distintos puntos de vista que plantea la trama, y en ambos aprecio la calidad con que se construyen esos determinados puntos de vista. Rememoro la disfrutable experiencia de un film con un planteo similar, como me ocurrió con "Expiación, deseo y pecado", meses atrás. Lo cierto es que Miller condensa en una hora cuarenta una historia de amor, de tragedias, de encuentros y decepciones, donde más allá de los horrorosos acontecimientos históricos de la época, también juegan los factores personales, los pensamientos, deseos y sensaciones de los personajes que dan vida al film.
Dejo para el final al secreto en cuestión. Por supuesto que no aludiré a él, sólo diré que el mismo no es el fin sobre el que se ponen en movimiento los medios, sino que va de la mano junto con las acciones de los protagonistas, tejiendo una intensa historia con climas angustiantes y otros esperanzadores. Una gran película, con tempos internos absolutamente justificados, que está cerca de ser una obra maestra. Véanla en cine, ya casi desaparece.

Un pasado para olvidar


Lo primero que quiero expresar sobre El Pasado, es “desconcierto”. Es que no puedo entender cómo una gran producción de varios países, entre ellos Argentina y Brasil, más el aporte de poderosas empresas, y sobre la base de una prestigiosa novela, Premio Herralde, y escrita por una de las voces más consumidas de la literatura sudamericana de los últimos tiempos como Alan Pauls, termina en una olvidable adaptación, y a cargo nada menos que de un realizador con la experiencia y el talento de Héctor Babenco.
Evidentemente, Babenco se sintió atraído por la trama de la novela, pero al momento de adaptarla, no eligió los mejores caminos. Ahora bien, hay un factor que, con otro resultado, hubiera cooperado para con un mejor film, sin lugar a dudas: los actores.
Repasemos: esta película nos habla de Rímini, un treintañero seductor, algo bohemio, con un carácter particular, y un poder para no pasar desapercibido ante las mujeres y dejar una huella profunda en cada relación amorosa. El film registra sus constantes idas y vueltas con su ex mujer, su atracción pseudo adolescente con una hermosa modelo, y su unión más madura y fructífera, luego de la modelo, con una profesional algo mayor que él. Pero siempre algo falla en sus relaciones.
Babenco elige entonces para estos roles a Gael García Bernal, cuyo único mérito es que realmente parece un porteño hablando, sin un dejo de su acento mexicano. Luego, se lo ve a la deriva, como el film mismo, bastante inexpresivo, más allá de que su rol se lo exija. Hay muchas sensaciones de esta criatura que perdemos gracias a la interpretación de Bernal, y sólo pienso en actores que hubieran sacado un mejor provecho de un rol tan rico y colmado de matices. Peor nos va con el papel de la ex mujer, el más importante entre los femeninos. Babenco quiere arriesgarse y lo cierto es que, exceptuando a García Bernal, el resto del elenco son caras practicamente nuevas para el cine. Para la ex mujer elige entonces a una gran actriz de teatro como Analía Couceyro (a quien Albertina Carri llevó primero al celuloide con Los rubios), pero el registro de su voz, y el modo en que dice sus lineas de diálogo suena realmente inverosímil. Teniendo en cuenta su talento, debería acusar entonces al mohoso guión, o a la propia mano de Babenco como director de actores. Lo mismo ocurre con Moro Anghileri (Buena vida delivery) y, en menor medida, con Ana Celentano (Las vidas posibles). Pero cuesta pensar en Babenco como el responsable de tan inexpresivas actuaciones. Estamos hablando de un director que sacó lo mejor de actores de gran nivel como Raul Juliá, y que no mostró debilidad ante dos pesos pesados como Jack Nicholson y Meryl Streep al dirigirlos en El amor es un eterno vagabundo, e inclusive el único Oscar que ganó William Hurt fue por su protagónico en El beso de la mujer araña, llevada al cine con notables resultados por Babenco.
Entonces: ¿qué pasó con El Pasado? Es una pregunta que nos podemos hacer con varias adaptaciones de novelas interesantes. Sin ir más lejos, este año ya tuvimos los magros resultados de transposiciones como El amor en los tiempos del cólera, o de Seda, titulada aquí su versión fílmica como Retrato de amor. Son las reglas del juego, y en el cine se sabe: la literatura y el audiovisual, no siempre van de la mano.

sábado, 12 de julio de 2008

Seminario



El pasado martes primero de julio, en la ENERC (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica) tuvimos el privilegio de ser parte de un seminario de interpretación actoral, a cargo de los actores Assumpta Serna y Scott Cleverdon. Matrimonio desde 1994, ambos artistas impulsan desde el año 2000 una institución con raíz en territorio español, dedicada al análisis, la creación y el trabajo en desarrollo con el actor, pero también con el director.
Fundación First Team, creada a semejanza del prestigioso Actor’s Center de Londres, tiene como objetivo proporcionar un lugar de encuentro creativo que inspire a los cineastas a compartir información, intercambiar ideas y aprender no sólo de su técnica sino de todos los aspectos del proceso de una película o una obra de televisión. La Fundación cuenta con el apoyo de profesionales del sector audiovisual como Philip Noyce, Alsira G. Maroto, Antonio Saura, Bigas Luna, Edouard Fernández, Emma Thompson, José María Morales, Manuel Gutiérrez Aragón, Paco León, Ray Loriga.
Serna y Cleverdon llegaron a la Enerc por segundo año consecutivo, en acuerdo con la institución, para dictar este seminario del cual fuimos protagonistas exclusivos los diez estudiantes de Realización de dicha escuela. Así como el año anterior nos tocó presenciar el seminario como oyentes, en esta ocasión tuvimos la posibilidad de trabajar cada uno con un actor elegido de entre diversas escuelas de teatro de la Ciudad de Buenos Aires. Y en los sets de la Enerc, pudimos experimentar los modos de encarar un diálogo, un contexto y una situación determinada. La experiencia fue notable, y como alumnos y futuros profesionales del medio cinematográfico que pretenden dedicarse el día de mañana a la dirección, el poder trabajar con actores supervisados por ambos artistas fue una gran oportunidad, que nos deja muchas más herramientas para trabajar con el actor.
Fue un seminario intensivo, de cinco días de duración, de ocho de la mañana a siete de la tarde, y el clima que se generó en cada uno de los trabajos de las duplas actor-director fue increíble. Este fue un proyecto por el cual todo alumno de escuela de cine debiera pasar, pues enriquece a quien intenta formarse como director, pero también es sumamente valioso para un director de fotografía, para un guionista y hasta para un sonidista. Ojalá este seminario sirva como inspiración a muchos otros, que puedan recorrer las escuelas de cine de todo el mundo, porque es una experiencia que vale la pena…