viernes, 18 de diciembre de 2009

Todo por un sueño, sobre THE BLIND SIDE, de John Lee Hancock.




The Blind Side es el drama deportivo made in Hollywood por excelencia. De esos que se han filmado tantas veces que ya no se ven muchos, pero en otra época, eran prácticamente un género aparte.
Desde Rocky hasta El luchador, o desde The Natural/El mejor, de Barry Levinson, a Campo se sueños, con Kevin Costner.
Muchacho de los suburbios con pocas posibilidades en su vida, y un talento innato que le abre las puertas a un mundo mejor. La diferencia aquí es que no lo incentiva ni lo descubre un entrenador, un amigo, un padre abusivo. Quien le da el primer empujón es una señora de la alta sociedad, que se lo cruza casi por casualidad, y que por otros motivos empieza a brindarle su ayuda, hasta que descubren juntos ese don que el joven lleva consigo.
Mi hermano, al ver el trailer, dijo que Sandra Bullock parecía Erin Brockovich, por el look y por la postura que se le veía: canchera, bien dispuesta, inteligente, con presencia, sin nada que perder. En cierto modo, la analogía es correcta. Y si Julia Roberts necesitó de ese papel para consagrarse como actriz "seria" y "oscarizable", la misma vara sirve para Sandra Bullock, aunque en menor medida.
Su actuación en este film es central, y esencial. Su presencia es ciertamente magnética. Está realmente hermosa, le sienta bien el papel de madre de familia, con un hogar tipo norteamericano de casa de muñecas. Es, vale decir, un rol algo estereotipado. Pero es válido por el tipo de film en que está inmersa.
Se sabe que está basado en un personaje e historia reales, y el hecho de que esté teñida de rubio se debe a que la verdadera señora a quien interpreta es una madre de familia de 50 años, y no es un personaje del pasado.
Hay muchos momentos que rozan lo inverosímil, pero reitero, al comprar el subgénero, y una vez metidos en él, la historia se disfruta, y uno espera ver a Bullock como un torbellino, como esa mujer que ampara a ese joven talentoso como una reina madre, con toda la potencia, el encanto y la más atractiva de las personalidades.
Personalmente, no alcanza para un Oscar, pero será bien merecido su lugar en el quinteto de nominadas.
¿Es un hallazgo verla aquí? ¿Es un logro del director?
Sabemos que le juega en contra haber hecho tantas comedias flojas, y tantos otros blockbuster, pero por ejemplo yo me sorprendí, y gusté de ella, al verla en La casa del lago, dirigida por el argentino Alejandro Agresti, y en otra sintonía bien diferente a Máxima velocidad, junto a Keanu Reeves.
Pienso también en 28 días, en Fuerzas de la naturaleza, o en sus sobradas dotes de histrionismo en Miss Simpatía. Y, la verdad, está muy bien. No creo, como afirman muchos, que Infamous, y su rol de Harper Lee, sea su mejor papel. Ni que la hayan subestimado por Crash, a diferencia de la olvidada Thandie Newton.
Pero espero algo para su futuro: verla en otros films, con personajes tan ricos como el de The Blind Side.
Un dato no menor: muchas podrían haber sobreactuado esta caracterización, y Bullock jamás lo hace. Se percibe que ha respetado su rol, y que lo ha llevado a los mejores destinos.

El rey de la comedia, sobre FUNNY PEOPLE, de Judd Appatow



Por recomendación de un amigo, anoche vi Funny people, el nuevo film de Judd Appatow, que según me comentó fue un fracaso de público en los EEUU, y que aquí a la Argentina, entonces, no puede llegar de otro modo que no sea directamente en dvd, sin pasar por los cines.
Sobretodo, teniendo en cuenta que es una comedia agridulce, muy particular y original viniendo de Appatow, ¡y con una duración de dos horas y media!
Con un solo visionado, la cosa es clara: hasta la hora y media, el film me pareció redondo. Entretenido, ácido, rápido en gags inteligentes, muy bien actuado, con una lograda química entre Seth Rogen y Adam Sandler, y con un dejo de melancolía, otra característica de los guiones de la factoría de Appatow.
El problema es que el relato, que podría ser una versión actual y menos dramática de Lenny, de Bob Fosse, se torna bastante denso una vez que se resuelve un problema serio del personaje de Sandler, y empieza a tener una segunda oportunidad con un viejo amor.
De allí en más, y a pesar de los valiosos aportes de Eric Bana, en un secundario breve muy logrado, y de la calidez de Leslie Mann, el guión pierde ese ritmo que venía acumulando, las actuaciones del dúo protagónico decaen bastante, y el conflicto mismo del film se diluye por completo.
Con todo, y como es habitual, Appatow exprime la naturalidad y el talento de ese trío de amigos que conforman Rogen y los efectivos secundarios de Jonah Hill (a pesar de repetirse en cada film) y Jason Schwartzman, más algunas joyitas de actores haciendo breves cameos, como por ejemplo Ray Romano y Sarah Silverman.
Si vale la pena, es por los geniales monólogos ante el micrófono, por ciertas conclusiones expresadas por los protagonistas, por la química en general de todo el elenco (que tranquilamente podría aspirar a un lugar entre los nominados a mejor elenco en los SAG Awards, al igual que los muchachos de Adventureland), y por esas ganas que transmite Appatow de narrar su modo de ver, pensar y accionar en esta vida a través de las frustraciones, del humor y de los amores perdidos y encontrados.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Comer, beber y amar, sobre JULIE & JULIA, de Norah Ephron





Suena siempre tan fuerte Meryl Streep, que aún sin expectativas, vi finalmente Julie & Julia. No en cine, claro, pues aquí se estrenó hace tiempo ya. Pero estamos en temporada de premios casi, y siempre es grato saber que Meryl Streep puede estar entre las cinco nominadas al Oscar como mejor Actriz.
Ahora bien, debo decir que vi este film luego de leer una crítica en la que se hacía alusión a su rol como el de un personaje de la factoría de Antonio Gasalla. Gasalla, para los lectores que no son argentinos, es un famoso capocómico vernáculo que siempre se ha caracterizado por sus histriónicas composiciones sobre distintos tipos de mujeres, caracterizándolas con demasiado maquillaje, vestuario, posturas, y voces impostadas. Entonces, claro, no sonaba muy auspiciosa la analogía con la Julia Child que interpreta Streep en el último film de Nora Eprhon.
Pero hay que saber que la voz de esta señora (porque Julia Child existió, al igual que Julie, su admiradora) era tal cual la imita Streep, o bastante similar. Entonces, teniendo en claro eso, podemos decir que Meryl está bien.
Y el film está bien. Está correcto. Entretiene, no agota los recursos del montaje paralelo, y tiene en la contrafigura de Amy Adams, a una digna actriz que jamás desentona con la trama. O sea, Meryl y Amy jamás se cruzan en una escena, sus historias van en paralelo, pero no ocurre que al estar inmersos en las escenas de una, querramos que pasen rápido y que vuelvan las escenas de la otra. Las dos están bien, son buenas comediantes, y sus personajes son carismáticos y fuertes. Se bancan el protagónico.
Al igual que los secundarios. Y eso incluye a todos por igual. Evitemos subrayar lo bueno que es Stanley Tucci. Su rol cumple y ya, no es necesario alabarlo como muchos hicieron, ahora que "está de moda" y con "aires de Oscar" por The Lovely Bones. No, está correcto, al igual que Chris Messina, como los respectivos maridos de Julia y Julie.
La adaptación de las dos novelas, la de Julia y la de Julie, corre por cuenta de Eprhon, que logra un metraje de dos horas, algo extenso, y que aún así casi no se me te con la etapa de Julia Child como conductora de tv con su programa de cocina.
Eprhon se rodea de un buen equipo, en el que resalta el impecable diseño de producción, y los justos acordes del compositor Alexandre Desplat.
No conviene verla si uno tiene mucho hambre, aunque siempre es deleitable apreciar las locaciones en París y los platos de la cocina francesa.

Nota final: yo sé y entiendo que todos amamos a Meryl Streep, y que no hay dudas de que es una actriz sin límite alguno. Su rol es bien distinto a otros roles de comedia, como la soberbia editora de El diablo viste a la moda, o la suspicaz analista de Prime-Secretos de diván. Está lejos de su personaje en el filme de Abba, o de aquella caracterización en La muerte le sienta bien.
Por otra parte, me ocurrió que de tan alegre y positivo que es su personaje, por momentos me exasperó. Y me recordó a Sally Hawkins en Happy-go-lucky. Sí, tiene magnetismo, presencia, se disfruta. Pero atención: no sería justo una nominación al Oscar.
Seamos objetivos: esta temporada hay varias candidatas, más allá de las preferidas Carey Mulligan o Gabourey Sidibe. Va ganando fuerza Sandra Bullock, y están en gateras Helen Mirren y Emily Blunt. Por el mismo camino, y más atrás, sería genial que llegue a la meta Robin Wright Penn, o la aún joven (y eso siempre juega en contra) Saoirse Ronan. Entonces, una decimo sexta nominación para Streep empalaga, y habría que pensar si en otra actriz con los mismos logros para con el personaje, estaríamos hablando de una candidata en potencia. Creo que esta vez a Streep la ayuda su cartel. Y es bueno verla cada un par de años en el Kodak Theatre. Pero este año, mejor que esté como presentadora...

jueves, 10 de diciembre de 2009

Música en espera, sobre EL SOLISTA, de Joe Wright



El solista es un film que decepciona por todos los frentes.
Una pena, teniendo en cuenta el director tras las cámaras: Joe Wright.
Luego de demostrar su virtuosismo y talento enormes desde su ópera prima, Orgullo y precio, y en su segundo largo, la magnífica y no del todo alabada Expiación, deseo y pecado, Wright debutó en Hollywood con un guión bastante pobre, firmado por Susanah Grant, que ha demostrado mejores cosas con En sus zapatos y en Erin Brockovich, sobretodo.
Lo han dicho los críticos, esta vez con certeza: estamos ante la típica historia endulzada que gusta al mainstream hollywoodense, de una persona que descubre los talentos innatos en otra, pero que por ciertos motivos (físicos y/o mentales) no logran salir a la luz, como cualquier mortal con un don bajo el brazo desearía.
Ahora bien, si Robert Downey Jr. trabaja "de taquito", no niego que su presencia en el film es constante, y que al menos está correcto. Distinto es el caso de Jamie Foxx, un actor que no ha encontrado papeles interesantes tras su Oscar por Ray, al igual que su coterráneo Forest Whitaker.
Su labor es insoportablemente melodramática, y si uno trae consigo la carga de un film ambicioso en querer "entrarle" al espectador por el lado de la emoción, nada peor que las escenas dramáticas de Foxx.
Nota aparte, eso sí, para un plano secuencia en un callejón tomado por gente que vive en la calle, en el que Wright se hace sentir, y da rienda suelta a sus movimientos de cámara y a su creatividad para la puesta en escena. Pero no alcanza, como así tampoco los acordes de su habitual colaborador Dario Marianelli, quién no luce siquiera con su banda sonora, como nos tiene habituados en otros films.
Espero, y deseo, que Joe Wright siga pronto por el buen camino en el que comenzó. Aún es joven, y tiene dos grandes películas a sus espaldas. Hay que ser moderado. La próxima, será mejor...

viernes, 6 de noviembre de 2009

martes, 3 de noviembre de 2009

Cuestión de honor, sobre Cuestión de principios, de Rodrigo Grande


Que es costumbrista, que tiene una puesta rígida, que Luppi se repite nuevamente, que esta historia ya la vimos mil veces, que los actores merecían mejores personajes, que el director perdió mucho en la adaptación. Todas contras, la mayoría, lugares comunes.
Sí, no fue muy bien recibida Cuestión de principios. Yo, sepan, no comparto.
La segunda película de este director rosarino, que elige contarla nuevamente en sus pagos, está protagonizada por Federico Luppi, quién encabezó la ópera prima de Rodrigo Grande, Rosarigasinos.
Luppi es un actor polémico. Es odiado y amado. En general, en las escuelas de cine, los profesores lo odian. Algunos críticos lo valoran, y otros lo defenestran. En menor medida, a Alterio le pasa igual, y por esas paradojas de la vida, en España son mejor valorados.
No niego que Luppi es el eterno puteador del cine argentino, reiterado alter ego de varios films de Aristarain, galán recio, hombre de pocas pulgas, de principios o sin escrúpulos, pero siempre en registros similares. Con ello, y a pesar de ello, es muy buen actor. Y aquí es claro que el objetivo con el director fue cambiar un poco ese ícono en sí mismo que representa. Luppi está tierno, humilde, amistoso, encantador. Es un digno protagonista de comedia, y se carga al hombro este film de 115 minutos, con su presencia absoluta.
Lejos, lo mejor de Cuestión de principios, es su guión. Buena trama, efectivos giros, pintorescos personajes, trabajados diálogos. Todo con una pátina de frescura, de espontaneidad, y una agilidad bien lograda del género por excelencia del film: la comedia.
Sí es cierto que no hay grandes riesgos ni ambiciones desde la puesta en escena, y que la fotografía no ayuda del todo en ciertas escenas. Pero la música acompaña perfectamente la historia, y el elenco se luce, quién más, quién menos.
Vale decir que Norma Aleandro no está en su mejor actuación. Por momentos, tiene tics que recuerdan a la Norma de El hijo de la novia, o a la insoportable madre de la nena en Cien veces no debo, aunque sean dos roles completamente diferentes.
Pero la sorpresa más agradable es el rol que le toca jugar a Pablo Echarri. El actor le saca el jugo a un personaje que ciertamente permite el lucimiento, y sabe afinar todas las cuerdas para destacarse en cada una de las escenas en las que aparece. Así como también son entrañables las composiciones de Pepe Novoa, Oscar Núñez y Oscar Alegre (en sólo una escena este último.)
Yo no vi Rosarigasinos, pero me basta este film para ponerlo entre las comedias más logradas últimamente del cine argentino. Creo que Fontanarrosa estaría orgulloso.

La ley del deseo, sobre Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar



Pedro Almodóvar vuelve a la carga con una historia colmada de pasiones, amores locos, odios, rencores y secretos.
Lo hace con su estilo y sello habitual. Se rodea de un notable equipo técnico, una música bien presente, y un elenco absolutamente significativo en referencia a su obra.
En Los abrazos rotos, el imán indiscutible es Penélope Cruz, una actriz tan bella como sólo Almodóvar sabe fotografiar (y el director o directora de un film llamado Las mujeres arriba, que ni me molesta en averiguar quién es.) Pero Pe no supera a esa criatura que la consagró en el séptimo arte en Volver, aunque su rol sea atractivo y desafiante para cualquier buena actriz que se precie de elegir papeles interesantes.
A su lado, Lluís Homar es un partenaire más que correcto, y en él se centra el eje de esta trama, por momentos demasiado folletinesca y rebuscada.
Hay varios cabos sueltos, e historias que no suman (como la de Tamar Novas), pero también momentos de notable clima almodovariano, secuencias que respiran buen cine, y diálogos filosos y brillantes, dignos de su pluma.
En su conjunto, las dos horas y minutos, son extremas. El manchego ha dicho que éste era su film más largo y ambicioso, y creo que eso no le juega del todo a su favor. Con todo, los primeros diez minutos seducen a cualquiera. Almodóvar nos cuenta desde el arranque el mundo del protagonista, con virtuosos planos y tempos perfectamente calibrados. Aunque no se correspondan con los minutos finales, llenos de explicaciones y cierres precisos a cada una de los nudos desarrollados. Arriesgo a que él mismo se siente incómodo con esa resolución, y por ello, el otro final de la película, ese que lo identifica con Mujeres al borde de un ataque de nervios, se presenta como un buen broche para su nueva historia de amor y pasión.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Centuria de Novela

A mis lectores:
he sumado un nuevo blog, con el comienzo de un primer capítulo de una idea de novela.
Si leo que hay diez interesados como mínimo en querer saber cómo sigue, pues entonces publicaré el capítulo completo, y de a poco, iré escribiendo esta novela que llevo en mi cabeza.
Y sino, muy amables de todos modos.
La idea, como siempre, es expresarse, y entretenerse.
Bienvenido quien quiera que sea.
El link es http://centuriadenovela.blogspot.com/

sábado, 24 de octubre de 2009

La Ocasión





Desde el jueves 22 de octubre del corriente, y durante cuatro jornadas, estaremos filmando nuestra tesis en súper 16 mm, que consiste en un cortomeraje de doce minutos como máximo, ficción, y con algunos pautas a respetar.
El mismo, es el trabajo final de la carrera de Realización Audiovisual, cuyo título otorga la casa de estudios a la que pertenezco, E.N.E.R.C (Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica.) Y así como yo me recibo de director con esta tesis, habrá otros cinco compañeros, los cuales cada uno en su área, egresarán junto a mí con este trabajo. Ellos son: Facundo Bailez, en Guión. Julieta Bilik, en Dirección de Fotografía. Agustín Balestrini, en Dirección de Sonido. Victoria Fermani, en Montaje. Y Agustín Burghi, Paula Martel y Mariano Mouriño, en Producción.
La ocasión, cuyo título tomé prestado de una novela homónima del escritor argentino Juan José Saer, es la historia de un reencuentro entre una docente y veterana actriz de teatro, con su querida vieja alumna, hoy consagrada como actriz en el extranjero. La ocasión habla de un reencuentro, pero sobretodo de una mujer que ha pasado los sesenta años, y con motivo de un homenaje a toda su carrera artística, se replantea distintos acontecimientos de su propia vida íntima, saliendo a la luz algunas cuentas pendientes nunca realizadas, como tener un hijo o formar una familia.
Una trama colmada de sentimientos no siempre dichos, de alegrías y angustias, de momentos tensos y otros emotivos.
Contamos para ello con un sólido trío de actores argentinos, encabezado por Regina Lamm, en el rol protagónico, una actriz con gran trayectoria en las tablas de nuestro país. Lucrecia Blanco, como esa querida alumna que hoy sigue sus pasos en la actuación, de reciente exposición televisiva en el boom que fue Los exitosos Pells, y la participación especial de un primer actor argentino destacado en teatro, cine y tv: Hugo Arana, en la piel de un colega de años, confidente y alguna vez enamorado de nuestra protagonista.
Los saludo, y será hasta la post. No quería dejar de compartir este proyecto que para mí es un sueño, en éste mi espacio, con mis colegas bloggeros. Hasta pronto.

domingo, 18 de octubre de 2009

Por 100 más



El último post publicado, sobre Bastardos sin gloria, ha sido la entrada número 100 de este joven blog.
Vamos por una centuria nueva, siempre atenta a las últimas obras sobresalientes y polémicas del séptimo arte.
Gracias a todos los que alguna vez pasaron por aquí, y han permanecido en cada nueva publicación.
Un saludo a mis colegas bloggeros de Buenos Aires, Misiones, México, Venezuela, España, Costa Rica, y tantos otros...
Hasta el 101, Tomás.-

sábado, 3 de octubre de 2009

Tiempos violentos, sobre Bastardos sin gloria, de Quentin Tarantino



Quentin Tarantino es de esos directores que tienen el don de cumplir con lo que su fama dicta. Me explico mejor: considero que Tarantino, Eastwood, Scorsese, Almodóvar, Campanella, son de los pocos directores actuales que garantizan, quién más quién menos, un nivel de entretenimiento y disfrute para el espectador, ya sea en la totalidad, o en buena parte del film que entreguen.
En el caso de Bastardos sin gloria, el placer como espectador es total. No conviene saber casi nada de la trama, pero no porque el film prometa altas dosis de suspenso o intriga, sino porque es maravilloso sentarse en la butaca y dejarse llevar por el fantástico viaje en el que nos encamina durante dos horas y media este soberbio director.
Un artista que, además, ama escribir punzantes y eternos diálogos entre sus personajes, y filmar cada encuadre con un virtuosismo que se transforma en un deleite absoluto.
Ahora bien, si Tarantino es un eterno “imitador” de sus propios ídolos, o un permanente anfitrión que homenajea a eclípticos directores, no le quita a mi criterio mérito alguno.
El sabe que en sus películas nunca deben fallar tres aspectos: el reparto, la banda sonora y el montaje. Analicemos entonces su filmografía, y difícilmente podamos objetarle a sus carismáticos y expresivos actores, el ritmo de cada una de sus ficciones y la calidad en la selección de un amplio repertorio musical.
Tarantino sabe que pisa fuerte en el séptimo arte, y por ende se plantea objetivos a nivel trama y realización que en su último film se despliegan hasta lo inimaginable. Y ya no importa la verosimilitud, o el respeto por la historia mundial contemporánea -entenderán el por qué una vez visto el film-. Importa el contexto que construye, el clima que nos hace percibir, la emoción que nos inyecta, las ganas que nos transmite.
No dejen de ver, y en pantalla grande por favor, a estos Bastardos sin gloria. No se pierdan a uno de los villanos más increíbles de la historia del cine –sí, no exagero- en la piel del desconocido Christoph Waltz. Pongan a prueba la ductilidad de Brad Pitt, enamórense de las nuevas femme fatale Melanie Laurent y Sienna Miller, dignifiquen a un joven gran actor como Daniel Brühl, o elogien el cameo de un irreconocible Mike Myers.
Vean Bastardos sin gloria, y no saldrán indiferentes ni inmunes. Aplaudan, los invito, a un gran “hacedor” del séptimo arte.

martes, 15 de septiembre de 2009

El color del dinero, sobre Las Viudas de los Jueves, de Marcelo Piñeyro



Pocas veces en mi archivo personal de películas vistas, he presenciado una adaptación tan pobre de un libro a la pantalla.

Las viudas de los jueves fue un best-seller en Argentina, surgido de un concurso de novela de escritores desconocidos, que catapultó al ámbito académico a su autora, Claudia Piñeiro, quien posteriormente demostró que era más que una escritora de moda. En su opus concentró una historia coral de varios pares de matrimonios sumergidos en un country de fines de los noventa. A través de capítulos breves, concisos, de prosa clara y directa, sin ambiciones de academicismos varios, Las viudas de los jueves ilustró todo tipo de personajes y actitudes, desde la codicia, el desempleo y descontrol, hasta la infidelidad, los secretos íntimos y los divorcios más escandalosos.


Cuando empezó a correr el rumor de trasladar la obra a fílmico, hubo un primer nombre, extraño y poco factible, para el proyecto: Lucrecia Martel. Enseguida llegó el proyecto de El Eternauta, y el candidato nº 1 pasó a ser el más apto tal vez para semejante adaptación: Marcelo Piñeyro.
Una coproducción con España, varias empresas respaldando, y un elenco multiestelar de carismáticos actores argentinos (más un par de españoles), parecía una base demasiado sólida como para que el film resultase, cuanto menos, correcto.


Y si le sumamos que la adaptación la realizaría Piñeyro (co-guionista de probada trayectoria junto a Aída Bortnik) y Marcelo Figueras (novelista y responsable del guión de la lograda Kamchatka), cuesta creer los pobres resultados vistos en pantalla grande.

Pareciera que Piñeyro filmó sin ganas. No hablemos ya del guión, limitado y erróneamente mesurado en relación al caudal de la novela, sino del tratado estético, pues Las viudas de los jueves parece más una maratón de varios capítulos de una serie tipo Dinastía o Amas de casa desesperadas, con planos sencillos, transiciones monótonas, diálogos un tanto forzados, un ritmo cadencioso y extraño. Es más, compararlo con dichas serias sería injusto, porque hoy por hoy las series yankis brillan por sus elencos, su acertado montaje y sus pulidos guiones.
Pero aquí todo está demasiado lavado, pasado de cocción, absolutamente deslucido. Eso incluye a los actores, exceptuando el probado oficio y cierta naturalidad en el matrimonio Sbaraglia-Toscano, y hasta ahí nomás. Eso sí, todos son bellos y fotografían de maravilla ante la cámara (atención con la presencia de la poco conocida actriz Ana Celentano), pero en este caso, no alcanza. Y tal vez uno de los mayores errores haya que adjudicarlo al afán por hacerse de un elenco de jóvenes figuras, cuando en el original todos los matrimonios ya superan los cuarenta y pico de años cada uno, mínimamente. Así, hasta el hecho trágico de la trama resulta inverosímil, en hombres que recién lucen sus treinta, y que todavía pueden presentar batalla ante la falta de empleo y la adversidad por la pérdida del status social y económico.

Ahora bien, un director con la trayectoria de Piñeyro, con trabajos excelentes a cuesta como Caballos salvajes o Cenizas del paraíso, que ha sabido crear climas de verdadero profesional en films como Plata quemada o El método: ¿puede ser el mismo que no aprovecha ninguno de los caminos de intriga, misterio y muerte que le presenta la trama de Las Viudas de los Jueves?
Evidentemente sí, y a las pruebas me remito. Vean el film, y díganme si hay cine en este híbrido que parece haber enviudado del todo.

lunes, 31 de agosto de 2009

Con sólo mirarte, sobre El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella




Campanella dio un knock out. En su sexta película, se ha mostrado sólido y maduro como nunca antes. Ha conjugado lo mejor de su dirección de actores, refinado los diálogos que otrora expresara junto a Fernando Castets. Afinado su visión, con planos delicados y exquisitos, con climas soberbios, y con las mejores herramientas, perfectamente equilibradas. Todo junto y por separado, con coherencia y con un impecable envase, representa El secreto de sus ojos.
Más de dos horas, y uno sale extasiado. Sale con potencia, con esa energía tremenda que genera un buen relato. Campanella cuenta un cuento bastante redondo, y de una forma tan concreta como ambiciosa. Pero siempre previendo lo que puede pasar, y adelantándose a las circunstancias futuras, para poder así construir la trama más cerrada de su filmografía. En la receta: una novela atrapante, seductora, inteligente. Un equipo técnico talentoso, con orfebres de primera como el "Sr. Director de Fotografía argentino", Felix Monti. Y esa combinación tan bien preparada entre el drama, el romance y la decadencia. Más un elenco de primera, y de primeros. A saber: Ricardo Darín, su actor fetiche. El nuevo Luppi de las puteadas, con otro estilo, y otro contexto, pero sus “boludo” son tan argentinos como característicos en él como criatura de Campanella. Un lujo de actor, siempre arriba, con presencia, efectivo y carismático. Ideal para llevar la trama sobre sus hombros, o sobre sus ojos en este caso. Soledad Villamil. Sólida, bella pero no atractiva, inocente y ambiciosa, heroína ideal para el coprotagónico. Impecable. Guilermo Francella. Un secundario hecho a medida, bien aprovechado por este actor que logra correrse de su estereotipo, aunque no del todo, y sabe hacer crecer todos los matices de su personaje. Pablo Rago. Vale sobretodo por un largo plano dramático. Luego cumple con corrección, pero en determinado momento, su personaje lo devora, y eso le juega en contra. Alarcón, Gioia y otros, breves pero bien, en papeles fuera de lo común, acetando bajo la mirada del director.
La mejor película argentina del año hasta el momento. El director que mejor sabe combinar calidad y cantidad –de espectadores-. Vale recordar El hijo de la novia, El mismo amor, la misma lluvia, y Luna de Avellaneda.

Gracias Campanella, porque aunque no seas mi modelo a seguir, cuando vi tu última película pensé: “alabado sea el director que me transporte de ese modo durante dos horas. Bendito sea el film que genere tantas emociones y que de tanto placer a uno como espectador.” Plus: maestría visual en el plano secuencia de la cancha de fútbol. Impecable, arriesgado y difícil, pero logradísimo, sin dudas.
¡Y que sea con éxito en el Festival de San Sebastián!

domingo, 16 de agosto de 2009

El estudiante de Cine y el desafío que casi no se enseña: cómo dirigir.

Valiosas palabras de un joven director español, Nacho Vigalondo plasma en su blog sensaciones y percepciones del quehacer cinematográfico en relación a los nóveles directores que se enfrentan al desafío de dirigir un corto o un largo.
A más de un académico, y a cientos de estudiantes "soñadores" y adictos a las citas, les vendría bien leer esta especie de "manifiesto".
Yo, uno más, con 22 años, a dos meses de filmar mi tesis como alumno de 3º año de Dirección, tomo nota. Los invito.
Gracias colega Gustavo Cornaglia.
Alguien que quiera formarse como director de cine sabe más o menos cómo está el patio: Si él mismo o su familia tiene poder adquisitivo, podrá acudir a una escuela de cine. Si no es así tiene la opción de conseguir estudiar un módulo o una carrera universitaria que se acerque lo más posible a la cuestión. Y si ni esto es posible, o no resulta apetecible, siempre está la opción de tirarse al patio con la cámara, ya sea el juguete maravilloso para el que llevas ahorrando un año, o ese trasto para tontos que te tiraron a la cara en tu primera comunión.
Supongo que la buena noticia (o la que termina de confundirnos) es que, de todos estos caminos, no hay uno que sea más frecuente que otro en el pasado de los distintos directores en activo. ¿Cómo es posible esto?
Para bien o para mal, una de las circunstancias más extraordinarias del lenguaje audiovisual es que en dos horas puede aprenderse toda la gramática necesaria para poder ponerla en práctica o desafiarla. En efecto, como diría el manual, usted puede ser director de cine en menos tiempo de lo que dura The Dark Knight. La pregunta es ¿Qué hacemos durante las siguientes dos horas?
Más de una vez he tenido, por mail o en persona, conversaciones con jóvenes que necesitan orientación para decidirse por uno de estos dos caminos: ¿Universidad o escuela de cine? El problema que plantean las universidades es la aparente poca disponibilidad de recursos para hacer prácticas. Las escuelas parecen cubrir esta necesidad pero ¿Qué garantiza de verdad ir a una de ellas, con la inversión de tiempo y dinero que conllevan? ¿Realmente uno sale de allí teledirigido hacia El Cine?
En realidad, estas cuestiones entrevén algo preocupante en la actitud del interesado: En realidad, no está buscando un entorno donde poder formarse en una técnica, o construírse una identidad como artista o artesano: Está buscando el sitio donde su talento tenga la oportunidad ponerse en práctica y verse confirmado lo antes posible. La obsesión por las clases prácticas, la preocupación por el crédito que se te concede el último día... Revelan que el futuro alumno, en el fondo, cree que aprender, lo que es aprender... No tiene mucho que aprender, pero sí mucho que demostrar. Hace poco tuve un encuentro con alumos de dirección en su último año en una importante escuela de cine. Tenían ante sí el rodaje del corto de final de carrera. Yo formaba parte de una serie de encuentros con directores de cine a los que poder interrogar acerca de los problemas del rodaje, la planificación visual, la puesta en escena, el trato con actores... De diez alumnos de ese grupo sólo se presentaron cuatro. Y las preguntas que éstos me hicieron fueron del estilo de ¿Cómo conseguir coches? ¿Cómo conseguir niños? ¿Cómo conseguir angloparlantes?. Respondí en la medida de lo posible, pero me alertó que nadie parecierse darse cuenta de que las preguntas que me estaban haciendo correspondían al área de producción, y no de dirección. Borja Cobeaga era el invitado al día siguiente y me contó que su experiencia fue similar.
Si nos vamos a otros sectores, la sensación que tengo es similar: Si uno sobrevuela foros de cortometrajistas, verá que las cuestiones de las que más se habla son cuestiones de producción, modelos y precios de cámaras, accesorios, plug-ins, concursos y ayudas a la financiación. Apenas se habla del lenguaje en sí. Y cuando esto sucede, en forma de críticas a cortometajes o películas de estreno, las cuestiones que se plantean tienen a ser muy superficiales, y la terminología muy simplificada (que si efectos especiales, que si cámara en mano o ciento volando).
Todo el mundo sabe cuáles son los estándares de un guión literario. Casi nadie sabe cuál es la mejor manera de hacer un guión técnico (que se tiende a confundir con el storyboard).
Todo esto lo produce la sensación que todos tenemos (o algunos tuvimos en su momento) de venir al mundo con el pan bajo el brazo. De ya saber. En un amplísimo porcentaje, es en mitad de un rodaje cuando un joven director se topa con la dolorosa revelación de que no tiene ni pajolera idea de como salir de ahí por sí mismo.
El problema reside, por un lado, en esos engañosos ciento veinte minutos de formación que os explicaba antes. Pero también en otra circunstancia extraordinaria del cine: Es el arte más visible, más popular. El audiovisual forma parte de nuestra formación emocional con una fuerza que casi siempre se impone respecto a otras artes. Desde que tenemos uso de dazón. Si descubrimos en nosotros la vocación de continuar este legado, todos, absolutamente todos, sufrimos o nos beneficiamos de la misma tendencia: Queremos ser capaces de generar en otros lo que las películas de nuestra infancia o adolescencia hicieron en nosotros. Entonces desarrollamos una escala de valores según la cual los recursos que se aproximen a los de aquellas experiencias son “más cine”, y los que se alejan, o son opuestos “menos cine”.
Por eso nuestra generación tiende a pensar que el formato panorámico de pantalla es “más cine” que los formatos más anchos. Porque, de niños, el fomato panorámico significaba “más que la tele”. Por aquel entonces se reducía a las salas. En televisión casi siempre se mutilaba, y cuando no era así, cuando nos permitían ver “las rayas negras arriba y abajo” era en esas ocasiones en las que los programas de cine nos mostraban inesperados, espectaculares, estremecedores avances de películas recién estrenadas en Estados Unidos, y que tardarían en llegar aquí. “Ayer dijeron en la tele que hay otra de Indiana Jones”.
Por eso nos tiende a sonar mejor el doblaje al castellano que el sonido directo en castellano. Por los cientos de películas que vimos dobladas de niños.
Por eso damos por supuesto cómo y por qué se utiliza música en las películas. Por la moda que se impuso durante nuestra infancia.
O cómo se filma una conversación. O un tiroteo.
Porque intuímos “qué es más cine” y “qué es menos cine”.
Todo lo anterior se viste habitualmente con el nombre de “Influencia”. En realidad, este término se usa casi siempre de un modo bastante inapropiado. Pensemos en Spielberg. Un director que, sumando recursos provenientes del cine clásico norteamericano visualmente más atrevido (Lean, Ford, Aldritch) destila un estilo de planificación que, sin plantear una ruptura formal decisiva, sí renueva el ritmo dentro del plano, y ciertas políticas de montaje, dando por resultando una reinvención del espectáculo. El director “influído” por Spielberg debería sentirse arrastrado por una ambición similar: Llevar a cabo un replanteamiento formal y temático del cine comercial igual de decisivo y memorable. En otras palabras, el director de cine influído por Spielberg está condenado a dirigir de un modo diferente a Spielberg.
Sin embargo, estamos acostumbrados a que lo que llamamos influencia se manifieste en forma de, precisamente, imitación. Y llamamos heredero de Spielberg a aquel que utiliza los mismos movimientos de cámara que Spielberg, las mismas ópticas, mismo estilo de banda sonora o misma política de dirección de actores. Al que cita a Spielberg.
Influencia y cita no son lo mismo. Lo primero es ámplio, marca una vida entera, transforma una personalidad, puede ser insondable, puede ser inconsciente. Lo segundo es una decisión tomada.
Llamamos influencia a la cita. Y es un vicio que padece el joven cineasta y cierto tipo de crítico: Ambos caen en la trampa de pensar que repetir de forma explícita y reconocible los recursos de Hitchcock, Ford, Scorsese Gordard, Tarantino o Reygadas, te hace participar de ellos.
La gramática se aprende en 120 minutos. Pero encontrar un estilo, una retórica y una temática relevante, intransferible y que resista al paso del tiempo es labor de toda una vida. Citar es fácil, no es más que darle la documentación necesaria a la persona que hace el trabajo duro y pedirle que lo repita. Pero ser influído de un modo fructífero conlleva una mezcla complejísima de voracidad, intrepidez, curiosidad y suerte. En otras palabras: Casi nadie sabe dirigir cine. Y los que hemos dado un par de pasitos en esa dirección, y no se nos permite ser autocomplacientes, cada vez nos enfrentamos con más horror al reto de la composición del espacio y el tiempo.
El estudiante de cine se enfrenta a muchos laberintos antes de su primer día de rodaje. Pero ha de saber que uno de ellos es, precisamente, desembarazarse de esa ilusión de sabiduría y dominio que todos llevamos a cuesta en nuestros comienzos, y que supone un ataque frontal a nuestra creatividad.
No sabemos nada. De hecho, no tenemos ni pajolera idea. No sabemos qué contar ni cómo, ni siquiera si tenemos algo que contar. Ni siquiera si seremos capaces de contar algo que no pueda contar mejor y más barato el de al lado.
Y a partir de esa sospecha inicial (pero que, por otro lado, no te abandona durante toda tu vida) uno empieza a pensar en los auténticos motivos para plantar la cámara aquí, y nunca allí.

Nacho Vigalondo, en su blog Nacho Vigalondo - Diario Cinematográfico
Link: http://blogs.elpais.com/nachovigalondo/2009/08/mata-el-cine-la-creatividad-del-estudiante-de-cine.html

martes, 4 de agosto de 2009

Hermanas, sobre Hace mucho que te quiero, de Philippe Claudel




La ópera prima del escritor francés Philippe Claudel me hizo acordar a varios pasajes del último film del inglés Stephen Daldry, The Reader. Y, sin dudas, en dónde más lo percibí es en el calibre de sus actuaciones protagónicas. Si Hannah Schmidt, con esa mezcla de frialdad, mesura y rigidez, terminó por consagrar a la aún joven Kate Winslet, se puede afirmar que a Kristin Scott Thomas, veterana y solidísima actriz, la Juliette de Hace mucho que te quiero, volvió a ponerla en la mirada de artistas y críticos de cine.


No era difícil que el film no me gustase. Reúne varios de los condimentos que me cautivan como espectador: drama familiar, reencuentros que se las traen, énfasis absoluto en un elenco sólido y confiable, climas logrados con sutileza y empeño...


Además, los roles protagónicos recaen en dos mujeres, y ése es otro punto que a mi me suma, me interesa, sobretodo si están tan bien resueltos como sucede en este caso gracias a Scott Thomas y a Elsa Zylberstein.


Hace mucho que te quiero se destaca más en el guión que en la dirección, correcta y ya. Pero Claudel tuvo buen criterio para elegir a su elenco, y se valió de una trama casi impecable para su debut en fílmico. Aquí hay demasiada tensión, bastante dolor, soledad y angustia. Pero de ninguna manera hay "redención", un término tan utilizado por críticos y espectadores para sumar una crítica cuando lo creen necesario. Vean el film y piensen si estos personajes pueden encontrar la redención...


Algo que se agradece, y mucho, es el delicado trazo con el que se cuenta el reencuentro de las hermanas, sin caer ninguna de ellas en los estereotipos o lugares comunes a mano, así como sucede con el resto de los personajes y el contexto en general. De hecho, la relación misma de Juliette con el policía que vigila su libertad condicional es un hallazgo, o con su cuñado.


Como varios films con personajes polémicos, éste acierta al poner todas las cartas sobre la mesa y poco a poco ir desarrollando los conflictos y realidades, como ocurriría en la vida misma.

miércoles, 22 de julio de 2009

Nos habíamos amado tanto, sobre Un conte de Nöel y Reyes y Reina, los dos últimos films de Arnaud Desplechin




Arnaud Desplechin ya ingresó para quedarse en mi lista de directores a seguir. Lo descubrí con Un conte de Noël, titulada aquí El primer día del resto de nuestras vidas, y luego inspeccioné aún más en el otro film disponible en Argentina: Rois et reine, aquí Reyes y Reina.
Este director tiene una obsesión, en ambos films, por las relaciones amorosas, pero sobretodo las familiares. Hay más de una conexión entre ambos, al darme cuenta por ejemplo de que la familia Vuillard, en la ficción de El primer día…, porta el mismo apellido que el protagonista de Reyes y Reina, Mathieu Amalric, actor presente en ambos films, con características similares en los roles que compone. En la primera, su personaje es Henri Vuillard, mientras que en la segunda, encarna a Ismaël Vuillard. Y en ambos films también hay heridas profundas y distanciamientos no del todo esclarecidos entre hermanos, así como también turbias relaciones de padres e hijos (por momentos cálidas), amores desencontrados, viejos amantes decepcionados, frustraciones personales que conducen a la decadencia, y ciertos aires de esperanza, generalmente a la hora de cerrar los relatos.

Ante menudo coctel de relaciones humanas, Desplechin no se amedrenta, sino por el contrario utiliza la cámara en todas sus formas, componiendo notables encuadres, y mezclándolos con cámaras en mano, zooms agresivos, ejes saltados, expresivos fuera de campo y, además, cortes fuera de raccord, tiempos quebrados y elipsis notables.
Por otra parte, en ambos trabajos la duración es superior a las dos horas y cuarto, y en Reyes y Reina hay un organizado desorden, al estilo del cine de Iñárritu, aunque algo más moderado, mientras que en El primer día… todo se centra en la familia en cuestión, y sin embargo, en no más de ocho personajes, cada cual brinda material de sobra para las dos horas y media de metraje y aún más.

Se lo podrá juzgar de ambicioso, de querer abarcar demasiado, de retratar situaciones delicadísimas con una sobriedad rayana en la indiferencia, pero son esas las características que lo consagran a Desplechin como autor absoluto de su propia creación cinematográfica.
Particularmente, me costó adentrarme en la trama de Reyes y Reina, pero bien vale subrayar los capolavoros de Emmanuelle Devos y Mathieu Amalric, exprimidos al máximo a nivel interpretativo por su director.
En el caso de El primer día…, disfruté de una obra mucho más acabada, pulida y refinada, una mezcla rara entre el drama y la comedia. Al salir del cine, lo agradecí. Con el paso de los minutos, me fue invadiendo un dejo de angustia y tristeza. Y es que eso tiene el film: los Vuillard se hacen querer como familia, y uno los conoce a través de la óptica de su autor, identificándose con todos ellos, pero cuando los tres días en los que se reúnen concluyen, mucho trapitos al sol han quedado expuestos, y uno como espectador empieza a recibir los golpes y frustraciones de cada uno de ellos.
En ese sentido, la mamá de Catherine Deneuve, el papá de Jean-Paul Roussillon, los hijos personificados en Amalric, Anne Consigny y Melvil Poupaud, y los familiares políticos que juegan Chiara Mastroianni, Hippolyte Girardot y Emmanuelle Devos, merecen todos los honores. Estamos ante un excelente reparto, sin aristas, similar al resultado del film.

Crímenes del corazón, sobre Monster's Ball, de Marc Forster




Hay dramas y dramas. Existen películas intensas, y las hay también desgarradoras, de esas que tienen la virtud de dejar al espectador en KO. Monster’s Ball (Cambio de vida en Argentina, El baile de los muertos en otros países hispanohablantes) es una de ellas.
Dirigida por el ecléctico Marc Forster –ver texto aparte-, ésta es una trama de personajes densos, inmensos en contextos duros, limitados, fríos.
Sin embargo, el film quedará en la historia (o al menos su mayor característica será) por ser el que le valió el primer Oscar a una actriz negra por un rol principal: Halle Berry.
Y sí, la Leticia Musgrove que encarna Berry es de una intensidad, una entrega y una visceralidad dignas de ser premiadas, y es mérito de Forster el brindarle semejante rol a una actriz que en materia cinematográfica no había podido lucirse, aunque su Dorothy Dandridge para un telefilm estadounidense haya cotizado su carrera con justo reconocimiento. La otra cara del film es el comisario Hank Grotowski al que le presta el cuerpo Billy Bob Thornton. Rol difícil para un actor, porque el personaje requiere cierta –excesiva- tranquilidad, y parece explotar sólo una vez (prestar atención con qué o quién), y Thornton se muestra así: pacífico, resignado, y a la vez honrado por su crudo cargo penitenciario, y con una difícil carga familiar, que lleva consigo del único modo que puede, soportándolo sin quejas ni depresiones.
La tercera pata, ya en un secundario claro, es el hijo de Grotowski, al que Heath Ledger personifica en la primera media hora. Su apatía recuerda, por momentos, el ascetismo de su Ennis del Mar, el papel consagratorio de su carrera, por Secreto en la montaña.
Forster se luce dirigiendo actores, y sabe manejar las riendas de un guión durísimo, en el que ocurren bruscos giros dramáticos, sobretodo en los primeros cuarenta minutos de metraje. Los novatos Milo Addica y Will Rokos fueron los responsables, y por su original script llegaron a ser nominados al Oscar.
Cambio de vida es sin duda un film que divide aguas entre los que se presten al dramático ir y venir de estas almas carentes de tantas cosas. Forster los retrata con oficio y cierto alejamiento, que se agradece. El film golpea, casi desde el inicio, por lo que nada se percibe maniqueo o en pos de. Los hechos son fuertes, porque la vida también a veces lo es, y hay que ser valiente, profesional ¡y artista! para poder contarlo en menos de dos horas.

Plus
Halle Berry tiene un par de escenas soberbias. Y una mirada intensa que conmueve y da escalofríos. Dan ganas de verla en roles así más seguido. Su carrera ha ido cuesta abajo, pero de vez en cuando elige bien, y vuelve a mostrar su oficio. El caso más reciente es el film que protagonizó junto a Benicio Del Toro: Lo que perdimos en el camino (Things we lost in the fire), de la danesa Sussane Bier, comentada en su momento en Sala de Cine, cuyo link adjunto, disponible en el archivo: http://salacine.blogspot.com/2008_05_18_archive.html

El director multitarget
Marc Forster debutó en el celuloide con un oscuro thriller titulado Loungers, en 1996. Le siguió un drama independiente encabezado por la dupla Rhada Mitchell – Megan Mullally, Un grito en la noche (Everything put together). Al año siguiente, Cambio de vida, un proyecto bien diferente a sus predecesores. Pero en 2004 sorprendió que consiguiera la dirección en un film de estudio, con holgado presupuesto, y varias estrellas: Descubriendo el País de Nunca Jamás (Finding Neverland). Forster demostró estar a la altura, y el film sobre el escritor de Peter Pan es hoy un fresco emotivo y mágico.
2005 es el año del regreso a sus inicios, y dirige a Ewan MacGregor y Naomi Watts en el film de suspense Tránsito (Stay), para luego manejar los hilos de la comedia con la inteligente Más extraño que la ficción (Stranger tha fiction), de 2006.
Y como Forster es un realizador hambriento de desafíos, en 2007 se topó con un best-seller, The Kite Runner, y puso su sello en Cometas en el cielo. Como si todo ello no bastara, cambió de género nuevamente, otra vez como director mainstream, nada menos que para dirigir al nuevo 007 en Quantum of Solace.
Cada cual podrá juzgarlo visionando su filmografía, y habrá quien lo condene por la falta de una coherencia en su propio camino temático como director/autor. En mi humilde visión, Marc Forster es un realizador de ¡cuarenta años! que ha sabido navegar distintas aguas, con la mayor valentía, rigor y oficio, y destellando, de vez en cuando, pinceladas de gran director. Su carrera recién comienza, tiene tiempo de sobra para seguir inspeccionando nuevos géneros…

lunes, 6 de julio de 2009

Dossier Jean-Pierre & Luc Dardenne
















Personajes ricos, con personalidad, perturbados, navegando en un contexto dramático y cruel, que muchas veces exige lo peor de cada uno, pero en ocasiones surgen las buenas causas.
Famosas cámaras en mano, planos secuencia largo, violentos, muy movidos.
Detalle absoluto en el accionar cotidiano y en los quehaceres de sus criaturas.
Es esas aguas se mueven Jean-Pierre & Luc, los hermanos Dardenne. Documentalistas en el pasado, directores de ficción en el presente. Aclamados, polémicos, analizados, con sello propio.
Directores mimados tal vez en demasía por el círculo cinéfilo más exigente, los Dardenne han ganado, como pocos –muy pocos-, la Palma de Oro en dos oportunidades (Rosetta y El Niño), al igual que sus actores Emilie Dequenne y Olivier Gourmet se han llevado sus Palmas como mejores actores (por Rosetta una y El Hijo el otro.)
Por el estreno meses atrás de El silencio de Lorna en nuestro país, casi un año después de que compita en Cannes y se alzara con la Palma al mejor Guión, revisité parte de la obra de ficción de estos artistas, con excepción de sus primeros dos trabajos en el campo de la ficción, y arrancando desde La promesa y hasta Lorna.
Lo que me ocurre como espectador con sus filmes es que los aprecio mientras los miro, pero cuando terminan, siento que no me impactan como espectador, ni me quedo pensando en ellos, que de todos modos no es lo que espero de cada film que veo. Sin embargo, con varios trabajos de los Dardenne, con el correr de los días poco a poco recuerdo y analizo secuencias y personajes sobretodo, de esos mundos asfixiantes que crean a su modo.
En algunos films, la empatía y el dejarse llevar ocurren de modo natual, como en La promesa o El silencio de Lorna, mientras que en otros puede resultar más complejo, como en El niño, Rosetta, o El hijo sobretodo.
Pero considero que lo más interesante, es el modo en que construyen cada personaje protagónico, cada alma tomada incansablemente por la cámara. En ese sentido, Emilie Dequenne en Rosetta, Olivier Gourmet en El hijo, Jérémie Renier en La promesa y El niño, y Arta Dobroshi en El silencio de Lorna, son criaturas tan vulnerables como verosímiles, tan intensas como volátiles, tan humanas como ricamente ficticias.

jueves, 18 de junio de 2009

Alejandro Doria


Enrique Pinti, actor cómico de nuestro país, lo acaba de dejar bien claro en una entrevista en la Legislatura Porteña, donde fue a velar a su colega Fernando Peña, también fallecido en este día gris para la cultura nacional: "los actores queríamos que cualquier director sea como Doria." Y es que este realizador de 72 años, fallecido a causa de una neumonía crónica, era celebrado por sus dotes de notable director de actores.

Su último film estrenado fue Las manos (2006), ganadora del Goya al mejor film extranjero. Con su sello, nos legó diez films que enriquecen la historia del cine argentino. Desde su ópera prima, Proceso a la infamia (1974), pasando por Contragolpe y Las islas (ambas de 1979), Los miedos (1980), Los pasajeros del jardín (1982), sobre la novela homónima de Beatriz Guido, escritora y guionista, esposa de Leopoldo Torre Nilsson, la conmovedora Darse cuenta (1984), Sofía (1987) y Cien veces no debo (1990). Pero seguramente será recordado por esa película emblemática, ya un clásico del cine argentino, como Esperando la carroza (1985), un proyectó que nació de la obra teatral homónima, y que Doria supo plasmar en celuloide con los mejores recursos y, fiel a su estilo, un elenco soberbio de actores, hoy de raza: Antonio Gasalla, China Zorrilla, Betiana Blum, Luis Brandoni, Juan Manuel Tenuta, Mónica Villa, Lidia Catalano y Darío Grandinetti.

Actualmente, trabajaba en la adaptación de la primera novela de la autora de Las viudas de los jueves, Claudia Piñeiro, titulada Tuya. Para ese film, ya tenía "apalabrado" el protagónico de Erica Rivas, quien privilegió trabajar con Doria ante el ofrecimiento del rol protagónico de la comedia televisiva Los exitosos Pells, de actual emisión, con éxito, por la pantalla de TeLeFé.

En la industria dicen que no era fácil, que era severo, riguroso, obsesivo. Del mismo modo que los actores hablan de él con un cariño y una catarata de elogios.

Hace instantes, la diva del cine argentino por excelencia, Graciela Borges, lo recordaba acongojada y sorprendida, pero con lucidez y respeto, con justicia, porque Alejandro Doria era un gran director, no sólo de cine, sino también de tv, gracias a ciertas miniseries que trascendieron el género.

Desde este humilde espacio, dejo por escrito parte de esa cosecha artística que sembró como pocos. Luz, cámara, y recuerdos, recuerdos vivos, ¡acción!

lunes, 15 de junio de 2009

Cosas que perdimos en el fuego, sobre "Lejos de la tierra quemada", de Guillermo Arriaga











En la carrera de todo guionista, pareciera estar escrito que si éste triunfa con uno o varios guiones, el siguiente paso es la dirección. En el particular caso de Guillermo Arriaga, se sabe de sus diferencias irreconciliables con el director Alejandro González Iñárritu, y de su ruptura luego de tres asociaciones exitosas y de calidad: Amores perros, 21 gramos y Babel. Arriaga ha expresado su desilusión en relación a la dirección de esos films, ya que él entendía que podría haberse desarrollado un trabajo conjunto entre la realización y el guión, desde Amores perros en adelante. Pero así como ha mostrado sus inquietudes y expresado sus principios (él no se considera guionista, sino escritor, pues un guión es a su modo de ver, literatura, sin más), ha sabido construir paralelamente su carrera en el cine, adaptando dos novelas propias para otros directores mexicanos, y hasta escribiendo la que fuera la ópera prima como realizador de Tommy Lee Jones, Los tres entierros de Melquíades Estrada. Y como si todo ello fuera poco, por ese film obtuvo el premio a mejor Guión en Cannes 2007, y consiguió su única nominación al Oscar hasta el momento por el guión de Babel.




Luego de la ruptura con Iñárritu, se impuso un nuevo camino, en el que pudo plasmar esas ansias por dirigir, previa escritura del guión. El proyecto contó con la producción de varios estudios y de la actriz Charlize Theron, quien además se ubicó en el protagónico, junto a la espléndida Kim Basinger. Así surgió Lejos de la tierra quemada.




Con estructura coral, fiel a su estilo, Arriaga está lejos de repetirse, y en cada personaje y entramado, su inventiva y desarrollo es notable. No es oportuno sintetizar la trama, es mejor sumergirse y "perderse" a los primeros minutos, con varias madejas desovilladas, sin puntos de conexión. Poco a poco, Arriaga se vuelve generoso y empieza a develar ciertas uniones entre el pasado y presente de unos y otros, en esta historia en la que hay dos familias, infidelidades, secretos, relaciones de padres e hijos dificultosas, pasión y venganza.




Lejos de la tierra quemada cuenta con un sobrio elenco, y al dúo femenino protagónico, se deben sumar las notables labores de Jennifer Lawrence, John Corbett, Joaquim de Almeida, J.D. Pardo y Robin Tunney.




Arriaga no cuenta con Rodrigo Prieto ni con Santaolalla para la fotografía y la banda sonora características en la filmografía de Iñárritu, pero sabe rodearse nada menos que de Robert Elswitt (Oscar a mejor Fotografía por Petroleo sangriento/Pozos de ambición) y Hans Zimmer en la partitura original.




Es momento de que este guionista y director despegue más de la plataforma actual, e incursione en otro tipo de estructuras que, a la vez, le permitan diferenciarse de su "enemigo íntimo". De momento, ha empezado con el pie derecho. Arriaga demuestra aquí que sabe generar tensión, dramatismo y emoción. O sea, conoce bastante bien varias herramientas dignas del séptimo arte.




martes, 9 de junio de 2009

Noche de estreno

En el día de ayer, lunes 8 de junio del corriente, los alumnos de 3º Año de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, nos dimos el gusto de mostrar nuestro cortometrajes de ficción realizados en soporte 16 mm. Los mismos corresponden a las cátedras de las áreas de Realización, Guión, Producción, Montaje, Sonido y Fotografía, del 2º año, cursado en 2.008.
Para la mayoría de los alumnos, fue una experiencia nueva, en la que pudimos compartir a sala llena (250 butacas) nuestros trabajos curriculares, y verlos como espectadores al igual que nuestros familiares, amigos, actores y diversas personas que colaboraron en las distintas etapas de los cortos.
Un agradecimiento en especial al Espacio Cine Gaumont KM O, el complejo que depende del I.N.C.A.A., y a las autoridades, que nos brindaron un generoso espacio de tres horas, cediendo funciones de películas comerciales, para nuestra proyección.
A continuación, los diez cortos proyectados, y sus respectivos realizadores: Dice que no sabe, Valeria Sartori; El sueño de los justos, Agostina Bryk; El encargo, Gonzalo Echagüe; El último viaje de Gulliver, Gustavo Cornaglia; Herencia, Martín Ghiglione; La historia del Niño y su Pájaro, Francisco Márquez; PutaMadre, Valentina Miño Savanco; Regreso a Menester, Carolina Carrillo; Sea una familia feliz, Andrea Testa; Anticuario, de quien suscribe, Tomás Sala.

martes, 2 de junio de 2009

El amor y el espanto, sobre The reader, de Stephen Daldry


Finalmente vi The reader/El lector. Imagínense que al ser dirigida por Stephen Daldry, y protagonizada por Kate Winslet, mis expectativas eran demasiadas, y resistí la tentación de verla en copia "pirata" para darme el gusto de disfrutarla en la gran pantalla. Claro que por esas cosas de las distribuidoras, recién en mayo llegó a nuestro país, demorado estreno para un film que había sido nominado al Oscar como mejor Película. En su momento me di el gusto de ver las restantes cuatro candidatas también en cine, así que The reader no iba a ser la excepción.
Es cierto que en cuestiones de aspectos formales, el film está muy bien. No voy a utilizar mi espacio para llenar renglones "juzgando" algunos ridiculeces que ponen en su boca los críticos más papistas que el Papa, afirmando que ésta es una película digna de la Academia, para seducir a un determinado público, con un rigor puesto en tela de juicio, con temas tratados de modo "amable", "cordial" o "sin profundidad". Los que sentimos pasión por el cine ya sabemos que cuando un film trata temas "delicados" allí estarán los críticos, siempre dispuestos a citar grandes autores (siempre Resnais y su Noche y niebla el santo evangelio) y a darnos lección de cómo un cineasta debe manejar ciertos temas, y cierta moralina que despiden en sus "críticas". Los invito nomás a ingresar a http://www.otroscines.com/ y leer la lamentable reseña de Diego Batlle sobre el film, y las reacciones y acertadas réplicas, en general, de sus lectores.
Pero yendo a lo que generó en mí, The reader, percibo, no fue filmada con la misma pasión con que Daldry sí lo hizo en sus anteriores, y excelentes (sí, excelentes, esto es subjetivo, y lo aclaro porque hay tantos que odian a Daldry sin argumentos) Las horas y Billy Elliot. Si bien sigue sin fallar en elecciones imprescindibles como el casting, y en aspectos secundarios pero notables como la banda sonora, la fotografía y el diseño de producción, El lector es una película que, como leí varias veces, puede ganar en segundos visionados. Uno la ve por primera vez, y le queda una sensación amarga, triste (por la trama en sí), pero también cierta sensación de haber visto un film de difícil digestión. Hay una mesura y una contención a lo largo de todo el metraje, de la que Daldry se hace cargo y es coherente, a diferencia de sus anteriores trabajos, y esto se nota (y habla bien de él, de su trabajo y de su tratamiento visual y formal) en los trabajos del elenco y en sus encuadres y puestas de cámara.
David Kross se carga el film al hombro, y su rol es interpretado con un talento que está al nivel del papel "más importante" hasta el momento en la carrera de Kate Winslet. Lo de Kate es una actuación compleja, de esas interpretaciones que uno no duda en elogiar y premiar. El suyo es un rol con un pasado omnipresente, y un presente frágil y tierno, y Winslet sabe armonizar ambos, y demuestra que es una actriz notable en ciertas miradas o ante determinadas acusaciones. ¿Merecía el Oscar? Como espectador, me cuesta sentirme atraído por este tipo de actuación, en relación a otro tipo de personajes, más viscerales y sanguíneos, de mayor expresividad y actitud, y por ello se impone en mi mente, en esa competencia, la estupenda Anne Hathaway en Rachel getting married. Aunque ya le llegará su turno. Winslet sabe de eso.
Lena Olin da una clase de profesionalismo en breves minutos, y Ralph Fiennes gana presencia y fuerza en los tramos finales, ya que en la primera parte está bastante desdibujado.
Veremos qué pasa con The reader en el futuro. De momento, es un interesante film.

martes, 19 de mayo de 2009

Años rebeldes, sobre "Días de mayo", de Gustavo Postiglione




Cuando pienso en la película que presencié anoche en su avant première porteña, me viene a la cabeza una palabra que no es sencilla de transmitir, a modo de sensación, contexto o atmósfera, en la gran pantalla: "nostalgia". Y puede que haya sido uno de los objetivos primordiales de Gustavo Postiglione, director que quiso plasmar en su nuevo film a esa juventud idealizadora, revolucionaria y rebelde, pero también inocente, tierna y fresca. Pienso entonces que fue un acierto haber trabajado un casting del cual salieron las caras protagónicas de Días de mayo.
Postiglione se sumerge en su proyecto más ambicioso, rodado en un expresivo blanco y negro, y ambientado con rigor en diversas locaciones de su Rosario, para hablarnos desde los primeros minutos del "Rosariazo", y del flechazo que se gesta en esa movilización entre Laura y Pablo, los jóvenes protagonistas, interpretados por la carismática y espontánea Agustina Guirado, que se carga el protagónico al hombro, y por Santiago Dejesús, unos escalones más abajo que su partenaire. En roles secundarios se luce otros actores "descubiertos", Caren Hulten y Juan Nemirovsky, y muy particularmente Antonio Birabent, en un rol desopilante.
En general, se percibe la variedad de temas que Postiglione quiso retratar, y no todos fluyen como debieran. Hay también cierto estereotipo en el modo de concebir a los personajes, aunque se acepta si se entiende que estamos ante una historia de viejas ilusiones e ideologías, de tiempos pasados, de otros estados de ánimo, de otras luchas sociales.
Postiglione da un paso adelante, y tal vez éste sea su film más "pensado" o logrado, el que le permita asomar aún más sus inquitudes artísticas por fuera de Rosario. Esperemos que en un futuro, sepa sortear mejor ciertos vicios y algunas obviedades, y manejar con mayor solvencia ciertos tempos que por momentos deslucen la trama de su Días de mayo. Más allá de eso, sale airoso como director de actores, y consigue hacernos querer a estos jóvenes de los cuales tranquilamente podríamos enamorarnos, en esos tiempos tan complicados, pero también tan particulares. Sensaciones que cobran vida en esta película.