sábado, 21 de febrero de 2009

El cuarto poder, sobre Frost/Nixon, de Ron Howard


Expectativas:
•Ver a Frank Langella como Nixon, sin más.

Transición: latente, cautivante, lúcida, precisa, notable.
Esos adjetivos le caben muy bien a “La entrevista del escándalo”, subtítulo con el que se conoció en Argentina a “Frost/Nixon”.
Dos horas reloj que se pasan volando, en un clima perfectamente calculado de tensión in crescendo, en un duelo actoral sumamente bien encuadrado y aprovechado por Howard, y majestuosamente montado por los dos editores que vienen acompañando a Ron desde “Una mente brillante”.
Sabemos bien que se basa en una obra de teatro, por lo tanto, permítanme una comparación que sirve para un cuentito con la moraleja de “qué es un buen director”. Veamos entonces dos films basados en obras teatrales: “La duda” y “Frost/Nixon”. Ambos, piezas dramáticas de prestigio, colmadas de premios, muy bien actuadas y con dramaturgos de peso atrás. Que en ambos casos adaptan sus obras al cine, y consiguen la nominación al mejor Guión Adaptado. Pero el primero asume el riesgo de dirigir ese material en cine. Lo cierto es que en materia de actores, ambos tienen con qué relajarse. Los dos elencos pueden ser formidables. Pero Morgan, el segundo, no recoje el guante como director, así que quien maneja los hilos es el director Ron Howard.
Resumiendo: guión y dirección de Shanley en la primera, dirección de Howard en la segunda. Sobre “La duda” ya he expresado que es un correcto film en el que se lucen los actores. El guión es bastante bueno, pero el film no es redondo. “Frost/Nixon” parte de una entrevista verídica, en la que todos esperamos que el entrevistador “quiebre” al entrevistado. Guiándonos por los acontecimientos históricos, el resultado es previsible. Pero aquí sí estamos ante un film redondo.
Pues bien, la moraleja es que Ron Howard sabe trasladar excepcionalmente de las tablas al celuloide un relato en el que pareciera que no hacen falta más que dos actores. Y vaya que esos dos actores tienen presencia en el film, pero no se los ve solos, abandonados, clamando por un escenario, incómodos con sus parlamentos, en la gran pantalla.
Howard revuelve lentamente el caldo, y el gusto que tiene el plato final es delicioso.

Créditos: Michael Sheen es Frost, tan protagonista como Langella, e ignorado por cuanto premio ha habido. Su labor es encomiable, y está a la altura del veterano actor, como un firme opositor, como una ejemplar contrafigura. Frank…, Frank… Su Nixon es carismático, con presencia, ambivalente, sarcástico, entrometido. La cámara ama a ese Nixon, es decir a Langella. Soporta los mejores primeros planos, y la composición toda es sencillamente excelente.
Antes dije que si hay justicia, Penn debe ser premiado por sobre Rourke. Ahora me actualizo: el Oscar a mejor Actor, si hay utopía, es para Langella. Penn está cerca, ¿y Rourke? A miles de kilómetros.

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